En paz

El gato duerme en la cocina
mientras la lluvia corre afuera.
Cien y mil años de penumbra.
La tarde sólo un soplo afuera.

El gato duerme desde cuándo,
la lluvia es otra y otra, afuera.
El gato en paz, en paz el sueño,
y el agua hacia la mar
afuera.

Eliseo Diego. La Habana, 1920 – Ciudad de México, 1994.

…esa instantánea muerte es bella.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Leí Rayuela para alante y para atrás. Dos veces. No entendía, a mis veinte años, por qué tanta alharaca alrededor de ese libro. A mí me resultaban mucho más atrayentes los cuentos de Cortázar. La síntesis, la fantasía, la capacidad del cuentero en cada historia.
Hoy es el cumpleaños de Cortázar y los periódicos, la red; todo explota de mensajes y recordatorios.
Será que pasaron muchos años de esas primeras lecturas de Rayuela, pero leí este fragmento del Capítulo 7 y me ha llenado el domingo, a su pesar.
Feliz 98 cumpleaños, Don Julio.

Sabiduría

Una mujer
que pasa en bicicleta
a las dos de la mañana,
hermosas piernas morenas
bombeando los pedales
mientras la brisa le alza el vestido
y revela
un perfecto milagro
de carne femenina en movimiento.

Nuestros ojos
se cruzan un momento
y ya se ha ido.

Son cosas como ésa
las que te hacen darte cuenta
de lo poco que realmente sabes
de nada.

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Por Roger Wolfe.
Fotos de Frank Guiller.

El caballo rojo

En el tíovivo de la mentira
El caballo rojo de tu sonrisa
Gira
Y yo estoy ahí plantado
Con la triste fusta de la realidad
Y no tengo nada que decir
Tu sonrisa es tan verdadera
Como mis cuatro verdades

Por Jacques Prevert

Siempre que escucho de Robert Doisneau no pienso en esas tremendas, pero tan manidas fotos de París. Siempre que escucho de Robert Doisneau, pienso en Prevert. Y esas dos tremendas fotos, por suerte, no tan manidas, que le tomó al poeta en los cincuentas, del siglo pasado. Siempre que pienso en Prevert, regresa este poema, una y otra vez, como un tíovivo que da vueltas y vueltas. Hoy a todo el mundo se le ha dado por hablar de Doisneau.

Instrucciones

Uno: piensa en lo que necesitas,
en eso que te hace feliz, la pinceladita.

(Piénsalo sólo una vez
y luego ya no lo pienses más).

Dos: piensa el paisaje completo,
hasta donde te den los ojos.

(Piensa una pincelada junto a otra,
y un nombre y otro nombre
y tantos esfuerzos.)

Tres: regresa al pedazo de lienzo
que parezca depender de tu mano
y haz que en ese espacio suceda
todo lo que querías que el mundo fuera.

Por Patricia Fernández-Pacheco