Las chicas se divierten

Estas son canciones que fui guardando cuando las descubrí. No se si dan para hilvanar una historia. Sí puedo asegurar que las letras y músicas, más, el carisma de las interpretaciones de estas veintidós mujeres son muy cercanas a mi sensibilidad.
La escuchábamos en casa, Ana y yo, y siempre que llegamos a la última canción recordamos a Lucía, la nuestra, que hoy tendría poco más de diecisiete años.
Ampliaremos…

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1.- Fiona Apple, Extraordinary Machine
2.- Tori Amos, I’m Not in Love
3.- Mariana Baraj, La gota de rocío
4.- Sia, Breathe me
5.- Diana Krall, A Case of you
6.- Francisca Valenzuela, Afortunada
7.- Madeleine Peyroux, Dance me to the end of love
8.- Suzzane Vega, Caramel
9.- Joni Mitchell, Both sides now
10.- Nina Simone, My baby just cares for me
11.- Annie Lennox, Pavement Cracks
12.- Norah Jones, What Am I to You?
13.- PJ Harvey, We float
14.- Niña Pastori, No me pidas que no sea un inconsciente
15.- Etta James, Stormy Weather
16.- Xiomara Laugart, Eres nada
17.- Janis Joplin, Little Girl Blue
18.- Feist, Now at last
19.- Marisa Monte, Não é fácil
20.- Regina Spektor, Field below
21.- Edna Swap, Torn
22.- Rosario, Lucía

Ellos son música

Soy de una isla donde la música es parte del aire.
En particular, la casa en la que crecí, un pedacito de esa isla, era una mezcla de gallegos y extremeños y así fue también lo que allí escuchábamos.
Sin embargo, hay un lugar en el mundo en el que la música es un modo de ver y entender nuestro paso por él.
Brasil y su portugués, Brasil y la herencia de los negros y el fado, Brasil y el sonido del tambor, el birimbao o el cavaquinho.
Brasil es el país de la música. Como esta que hacen, simplemente, Marisa Monte y Carlinhos Brown.

Vide Gal de Carlinhos Brown.

Una canción de cuna

Eras tan chiquita, que podía apoyar tu espalda sobre mis muslos y verte completa. Me gustaba tenerte en mis brazos, tu mejilla apoyada en mi hombro mientras yo cantaba o tarareaba alguna fuga de Bach.
Mi voz, desafinada siempre, no te molestaba, creo. No como ahora, que me dices, “calláte má!” con tu acento porteño.
Recuerdo muchas canciones de esa época, de ese invierno del 2003.
Especialmente una, que ahora vuelvo a cantarte, al oído, bajito, para que sólo la escuches tú, Ana.
Dale play y presta atención, hija.


You can close your eyes de James Taylor.
Por Eddie Vedder y Natalie Maines.

La ventana

Había días que no hablaba. Días que prefería la penumbra y mirar por la ventana. Se sentaba sola en la cocina, se componía el vestido a los manotazos, juntaba esas mismas manos sobre la mesa y se quedaba en silencio. Yo seguía su mirada, desde la altura de mis siete años. La sombra de la mata de mango en el patio, la reja del portal, el sonido del pico del loro contra la jaula, su nombre voceado por la vecina. Yo tampoco hablaba, me preguntaba qué buscaba en la ventana.


Tu gitana por Luar na lubre.

De mis recuerdos

Recuerdo un lugar grande, con piso de baldosas, estanterías en penumbra, una cortina de dudosa blancura ocultando la puerta trasera y la pequeña barra de la entrada. Siempre los mismos parroquianos parados o sentados en alguna de las escasas banquetas. El sombrero en las rodillas a punto de caerse y una taza en la mano o uno de esos pequeños vasos de un solo trago, con el primer ron del día. Las conversaciones sobre política o el campeonato de pelota. El ruido afuera; del tren cuando paraba o de los carros en la avenida.
Recuerdo una habitación desordenada en la esquina de Paco y Diez de Octubre. El dueño sentado en el portal por falta de espacio, mientras los libros descansaban en columnas torcidas o en el suelo y el olor a papel viejo.
Recuerdo conversaciones en cuclillas, cuando aún las piernas no se acalambraban en esa posición. Hablábamos de nosotros mismos, pero a través de nuestras lecturas.
Recuerdo estar, café mediante, mezclando lecturas y vidas con la historia de La Habana.
Recuerdo tardes robando libros, vigilando a la señora de la puerta y a la de la caja. Libros de arte, ventanas iluminadas.
Recuerdo noches en silencio y soledad donde veía un espejo en cada gesto.


De mis Recuerdos por Xiomara Laugart.