Veintiséis años

Mi padre solía escribirme de puño y letra. Una carta por semana: eran los años en que yo vivía en el D.F. Mi padre era muy poco dado a expresarse con sentimentalismos. Sus cartas eran exactas: describía los acontecimientos familiares con precisión de relojero y nada más. Pero yo sabía leer entre líneas. Un lunes, en su carta semanal, me transcribió una cancion de Serrat. Hace veintiséis años que me fui de la isla. Y tenía razón mi papá, “Qué va a ser de ti, lejos de casa, nena qué va a ser de ti”.

Julio de todos los cuentos

JC_por_Rep

JC por Rep

En otro lado dije que Rayuela, la eterna novela de Julio Cortázar, está sobrevalorada. Es una opinión personalísima y no intento con ello generar una polémica. Para gustos, los colores, diría mi abuela, con su acento gallego de los tres mil demonios.
A mí lo que me gusta de Cortázar son sus cuentos. He leído casi todos, desde que Circe, que después supe formaba parte de Bestiario, llegó a mis manos en una hoja mimeografiada con notas de los lectores anteriores en los bordes. Esa historia pasó por mis manos a las de otro lector en la isla que nos parió, sin embargo, me dejó un insomnio perenne y el temor absoluto por las cucarachas.
A partir de la ópera prima que Cortázar presentó para mis escasos años, allá por 1984, cuando ya él había muerto (maravillas de la letra impresa), busqué sus cuentos como el oro del Potosí. Y ninguna de sus novelas, ni todas esas citas que inundan hoy el ciberespacio, que bien o mal se le adjudican, pudo cambiar mi gusto por sus cuentos. Cuentos perfectos.
Sólo su libro de reflexiones sobre el arte, la literatura y la música, que fue La vuelta al día en ochenta mundos, se une a los cuentos. Cortázar fue la primera persona que puso el jazz delante de mis oídos, así que ya voy juntando varias cosas que le debo.
Hoy Julio Cortázar cumple 100 años. Y no digo cumpliría, porque mi insomnio persiste.
Mi marido esperó todo el día porque yo escribiera este post. Y yo le cumplo. A Julio también.
¡Feliz cumpleaños!

…y la Tierra tiene un tono azul

Fragmento de la frase dicha por Gagarin.

Blue Earth

Llegué a casa y Ana me grita con orgullo:
– ¡Mamá, hoy es el día de la Tierra!
– Sí y ¿sabes por qué?
– No. ¿Me lo contás?
– En el año 1961, un 22 de abril, Yuri Gagarin fue el primer hombre que vió a la Tierra desde el espacio.
Ana me escuchó con atención, aunque los ojitos le brillaron más cuando supo que Gagarin dijo que se veía azul desde allá afuera.
Pero no. Me equivoqué. La Tierra fue vista por el astronauta soviético el 12 de abril de 1961 y hoy es el Día de la Tierra porque se le ocurrió a un senador en Estados Unidos.
Mmm, estos días que he charlado tanto de las dos polaridades en las que ya NO se divide el mundo, políticamente hablando, tenían que terminar con un acto fallido.
O es sólo falta de información y de memoria.

Waits

Un día puso sobre el escritorio donde yo trabajaba una caja de cartón. La caja era una igual a esas en las que vienen los CD’s nuevos. Yo no entendía el regalo; porque todo parecía indicar que era un regalo. Él siguió hasta el otro pasillo, dejándome sola con el descubrimiento y la incertidumbre. Abrí las tapas de la caja y adentro habían muchos discos, con sus carátulas muy prolijitas. Saqué el primero, el segundo, el resto. Así apareció ante mis ojos toda la discografía, hasta ese momento, de Tom Waits. Ahí están, cerca de mí, aún, mil veces escuchados, disfrutados.
Su voz que raspa, su figura flaca y maltrecha de alcohol, trasnoche y cigarrillos, su enigmática y sui generis postura en conciertos y películas son parte de una leyenda de 63 años que todavía acompaña mi lifetime.
Y esas canciones que cobran significado, en ciertos momentos, como aquí y ahora.

Take me home por Tom Waits. One from the heart. Original Soundtrack, 1982.