Primera impresión

Hay quien afirma que la comida entra por los ojos o que la primera impresión que recibes es la que te marca para siempre.

Y aunque no estoy tan segura de que esa idea puede aplicarse a todo con lo que nos encontramos por primera vez, el párrafo que da inicio a la novela Amor perdurable de Ian McEwan es algo así como una primera impresión perfecta.

En esas pocas líneas se origina la curiosidad, la perturbación que te obligará a seguir leyendo. Es solo cuando terminaste de leer ese párrafo que te das cuenta que no dejarás de hacerlo hasta que la novela termine.

Te digo más: hazlo antes de ver la película. Porque no hay relato visual que logre transmitir la inquietud que este párrafo provoca; el preámbulo de un viaje que vas a emprender a partir de ahí, un viaje movilizante, una historia bien escrita.

Veintiséis años

Mi padre solía escribirme de puño y letra. Una carta por semana: eran los años en que yo vivía en el D.F. Mi padre era muy poco dado a expresarse con sentimentalismos. Sus cartas eran exactas: describía los acontecimientos familiares con precisión de relojero y nada más. Pero yo sabía leer entre líneas. Un lunes, en su carta semanal, me transcribió una cancion de Serrat. Hace veintiséis años que me fui de la isla. Y tenía razón mi papá, “Qué va a ser de ti, lejos de casa, nena qué va a ser de ti”.

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El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.

Ambos centros
se buscan entonces
como dos animales atribulados.
Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es otra:
nacer juntos.

Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes.

Por Roberto Juarroz.

Otra luz

La luz del verano fue así, como la foto. Se podía escuchar la luz del verano. Las amarras golpeando los mástiles; todas al mismo tiempo, movidas por la brisa, hacen una música, casi, de tambores.
Ya se fue la luz del verano y su hora de artificio.
Penumbra. Con suerte, hasta marzo que regrese el primer rayo de un nuevo calor.
Yo miro desde mi trago mentiroso, trago sin alcohol, cómo se apaga la luz.
Sola, la luz del verano.

A diez años de la muerte de DFW

El tipo de libertad más importante involucra atención, consciencia, disciplina, esfuerzo, y ser capaces de preocuparse realmente por las demás personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, realizando miles de pequeños, y nada sexys, actos, día tras día. Esa es la verdadera libertad.

Por David Foster Wallace.
Fragmento de “Esto es agua”, conferencia impartida en el Kenyon College, en 2005.