¿Cuánto sabemos de la vida personal de los escritores y artistas del siglo XVI? Hoy, que muchas historias privadas se exhiben públicamente, aunque sea un oximoron, caes en la cuenta de que lo que ha trascendido de las celebridades de ese siglo es, justamente, lo que importa: su obra.
Pero detrás de tanta obra, en el devenir cotidiano de la vida doméstica, hay parejas, hijos, hermanos, padres, amigos, hogares, horas y horas de desgarro, de sufrimientos, de pérdidas y también de alegrías.
Anoche, acompañada de mucha publicidad y buenas críticas, nos tocó el turno de ver Hamnet.
Chloé Zhao, directora de la película, viene muy bien recomendada por lo que, antes, ha salido de sus manos. Recuerdo Nomadland, especialmente, en la que tejió la historia de muchas personas de clase media en Estados Unidos que han visto hundirse sus vidas, entre otras cosas, por el abandono que el modelo neo liberal ha estado imponiendo por mucho tiempo. En aquella película, la actuación de Frances McDormand descolla por su autenticidad en el papel principal, desempeño que fue premiado por la Academia, junto a otros importantes premios cosechados en esa misma versión de los Oscars.
El guión de Hamnet viene de una novela de Maggie O´Farrell que recrea, desde la ficción, el origen de algunas de las más importante piezas en la dramaturgia de William Shakespeare. Lo que me gusta de la historia, ficción o no, es el acercamiento a los seres humanos en el entorno del escritor; sus padres, los conflictos que se derivan de una cultura patriarcal, su esposa, el amor, sus hijos y el dolor de la pérdida.
La mirada de Hamnet es femenina. Como en Nomadland, el protagonismo es el de una mujer que defiende, en la ficción de Maggie O´Farrell y de Chloé Zhao, su impronta, su identidad y su derecho a alzar la voz para proteger lo que ama.
Pero en Hamnet y creo que empujado por esa tenacidad de su esposa, William le ofrenda una pieza de teatro que intenta curarla del dolor, de la culpa y del rencor. Se salva William, aunque en un acto de entrega a su amada.
La puesta en escena de Hamnet, por momentos teatral, es encumbrada por una fotografía que se roba los aplausos desde el primer minuto. La actuación de Jessie Buckley y Paul Mescal no defrauda. Y el vuelo onírico con el que Chloé Zhao dota a la historia, nos llega como una pieza acabada y de un vuelo espiritual ancho y humano.
Muy recomendable Hamnet, la película. La novela, descansa en mi mesa de luz.



