Un cuentecito

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revolver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

El insomnio por Virgilio Piñera. Cárdenas, Matanzas, 4 de agosto de 1912 – La Habana, 18 de octubre de 1979.

En vela

Él duerme. Me asomo a su pesadilla para intentar convertirla en una lagartija o en una arañita, de esas que tejen entre las ramas del jardín. Quizás si hago un esfuerzo puedo poner un árbol en ella, para que me abrace. Él duerme. Y sigo despacio a su lado, cuando vuela hasta aquí y se acurruca, moviéndose hacia la izquierda. Ya me hice un espacio en esa parte de la cama. Ya le hice lugar para sus cosas, en el armario de la pared.
Él duerme y yo espero que despierte.

La segunda línea

Treme es el tipo de serie que yo vería una y otra vez. Dada mi poca propensión a ver estos programas, es un hallazgo (hermosa palabra) la aseveración.
Pero Treme también es un barrio de New Orleans, quizás el de mayor tradición musical en la ciudad, donde vivieron los padres del jazz y desde donde salieron los sonidos que luego fueron moda en New York, Chicago y Los Angeles.
La presencia de los negros, de los indios, de los franceses, todo mezclado en partes iguales, son los ingredientes de cada episodio servido en platos de buena música y de dolor. El dolor que persiste por el desastre aún reciente del huracán Katrina.
Cualquier cosa que diga como reseña de la serie es más de lo mismo.
Sin embargo debo decir que anoche mirando el entierro de Daymo, me di cuenta que lo que más me gusta de todo esto es la segunda línea. Esa especie de desfile transgresor, en el que la gente baila y llora, mientras van detrás de los músicos, en una fiesta que no termina.

Final capítulo 10, primera temporada. Treme, 2010.

Temporalmente cerrado por felicidad

Es tan temprano que casi no hay luz afuera.
Estoy parado junto a la ventana.
Tengo una taza de café en la mano,
y en la cabeza lo que a aquellas horas
se suele confundir con pensamientos.
Entonces veo al chico con su amigo
que vienen por la calle
para entregar el diario.
Tienen puestas gorritas y pulóveres,
y uno transporta una mochila al hombro.
Tan felices están
que ni abren la boca, estos dos chicos.
Creo que, si pudieran,
se tomarían del brazo.
Es muy temprano de mañana, y ellos
están haciendo este trabajo juntos.
Se acercan lentamente.
El cielo ya comienza a iluminarse,
aunque la luna cuelga pálida sobre el agua.
Tanta belleza que, por un minuto,
la ambición o la muerte, o incluso hasta el amor,
nada tienen que ver con todo esto.
Felicidad. Viene sin que la llamen,
y trasciende cualquier disquisición
matutina al respecto.

Por Raymond Carver.
Traducción de Zaidenwerg.