Pasó volando

Estuve en Brooklyn el día después de la segunda nevada. El frío inmenso de New York hacía obligatoria la visita a las librerías, los pequeños cafés y el metro. En él fui hasta cerca del puerto en el sur de Manhattan y luego de un par de preguntas, para orientarme, al dueño de un negocio de cámaras fotográficas viejas, llegué caminando al puente de Brooklyn.
El mapa austeriano en mi cabeza me llevó derechito hacia la esquina donde debió estar, según previas investigaciones, el negocio de Auggie Wreng. Mi decepción sólo encontró consuelo mientras tomaba una exquisita sopa de cebolla en un pequeño y caliente restaurant francés de la Atlantic Avenue acompañada de un Malbec argentino de Catena Zapata.
Hace un año que estuve en Brooklyn y en el medio leí los dos libros nuevos de Auster y repasé no sé por cuánta vez las entrañables secuencias de Blue in the face. Brooklyn me gusta mucho, por eso algún día voy a volver. En verano.

Blue in the face de Wayne Wang. 1995.

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