A propósito de las islas

Siempre he creído en la influencia de la geografía sobre los habitantes de un lugar. Aún sin tener una fundamentación y unas fuentes a las que citar, estoy convencida de ello. De ese convencimiento nació en primera instancia algo que escribí hace un tiempo. Aquí lo reproduzco cuando el contexto es otro.

“Si ella fuera ciega, si sonara en los oídos de él la música del mar, si los pies de ella fueran planos, si los libros no duraran ni dos segundos en sus manos, si fuera hermosa, si mintiesen, si él tuviera fuerza, si su nombre fuera leve, si el de ella no, si los ojos de ella no hablaran, si él hablara más de lo que piensa, si él moviera su cuerpo con esa música o si sólo moviera su cuerpo, si ella no hablara, si fuera vieja, muy vieja, si él no tuviera una ostra, si sus relojes se sincronizaran, si no existiera el tiempo y su todo ocupado, si ella no tuviera hermanos, si sus padres vivieran, si él fuera hijo de otros padres, si su altura no importara, si el azar los hubiera tropezado después.
Pero no, ella es una isla y él un continente.”

Y como una cosa lleva a la otra, lo que en última instancia me hizo escribir ahora, es un post que poco menos de dos años atrás escribió un amigo. Isla y utopía (I).
Me gustan las utopías pero “como bellas ficciones que nunca debieran llevarse a la práctica.”
Como en tantas otras cosas que fueron develadas en muy pocos días, mi amigo y yo coincidimos.

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2 comentarios en “A propósito de las islas

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