Astromelias o el fin de la soledad

Las palabras. No hay que renunciar a las palabras. Ellas nos distinguen de los demás animales. Pero hay momentos en que no nos asisten.
Yo podría decir muchas, ahora, cuando ya es una certeza la corporeidad de ciertos eventos: la mano cercana, la caricia a punto. Tengo un montón por aquí; mías, de otros, tuyas. Aunque ninguna va a aliviar el desgarro de la despedida, la tristeza del abandono, el desarraigo, otro desarraigo.
Sólo puedo, hoy, poner las astromelias amarillas en agua. Un buen ramo de astromelias.
El sábado estarán abiertas y su aroma espera, sutil, tu llegada.

Crema de papa

Ingredientes:
Tres papas medianas
Una cebolla pequeña
Caldo de pollo
Prosciutto, dos fetas
Queso de rallar, de preferencia Reggianito de Sancor
Aceite de oliva
Sal y pimienta

Preparación:
Cocer las papas al vapor sin cáscara
Tener a mano el caldo, hecho en ese momento o descongelarlo si está hecho de antes
Procesar las papas con el caldo
Verter en una cazuela el resultado y salpimentar
Cortar muy chiquito el prosciutto
Rallar el queso en hebras
Cortar la cebolla bien finito
Calentar el aceite de oliva en la sartén
Una vez que esté caliente, caramelizar la cebolla cortada

Servir la crema en platos hondos y adornar con el prosciutto, el queso rallado y las cebollas en cada plato.
Da para cuatro raciones.

Ojalá seas tú

Él viene desde un lugar cercano al mío. Barrios aledaños. Tengo un recuerdo lejano de su respiración en mi pelo y un temblor ansioso que salía de mi estómago. ¿Cuánto hace? Muchos años, tantos que hoy somos los mismos. Y bailábamos con otros la canción de Tootsie, que ahora ya no es lo que era antes, pero que la nostalgia mantiene «intacta en su paisaje».

It might be you por Stephen Bishop. OST Tootsie, 1982.

A veces llegan cartas

Hace unos días recibo un e-mail que transcribo:

—–
Hola Zoe Pe,
Cómo está todo por BAires?
Y la bella de Ana?
Me envías la dirección de tu casa?……no creerás lo que me ha sucedido hoy…estaba haciendo café en la mañana y un paquete de café La llave me comentó que quería irse a Buenos Aires…..así que no me queda más remedio que contar contigo para que le des morada….como bien sé que haces con los amigos…y los amigos de los amigos…..tienes espacio en tu casa para tanto aroma?

—–

Mi sonrisa era casi carcajada cuando leo e inmediatamente respondo:

—–
Uh, qué café inteligente ese, no? Coméntale que aquí será tratado como se merece, ¡a la cafetera!
¿Cómo andamos por allá?
Besos.

—–

Luego de algún silencio y sobre la misma cadena de e-mails vuelvo a recibir:

—–
Mis amigos partieron el lunes. Desconocemos el itinerario, pero sabemos que el destino es BAires.
Tienen tus señas, así que se las arreglarán para encontrar tu puerta.
Para evitar impostores, llevan la contraseña adjunta.
Son amigos muy apreciados, pero no te fíes. Te advierto que, entrañablemente, invadirán tu casa.
Besos.

—–

Iba leyendo al son de una música muy conocida, adjunta en mp3 al mensaje…, Ay mamá Inés, ay mamá Inés, todos los negros tomamos café…!
Y finalmente hoy, el tan esperado arribo.
¿Qué puedo hacer ante tanta generosidad?
Ellos son tan humildes que no sé si aceptarán un homenaje público.
¡Gracias, chicos! Mi taza de café humea junto a la laptop, mientras les mando este beso y un abrazo apretado.