Hoy soñé con vos

Algunos ponen así… «hoy soñé con vos» y medio interné se pregunta: seré yo? o por qué no aclara? … odio los que no aclaran… ponen mensajes a todos que van sólo para uno, pero bué… yo hoy soñé con vos y también soñé conmigo.
Soñé que mi hermano engañaba a su esposa con un amante transexual.
Soñé que Angela, de Colombia, venía de luna de miel adelantada a Buenos Aires, estaba embarazada y se casaba el próximo viernes y me invitaba. Y yo, no sabía como mongo decir que no podría planear un viaje en menos de cinco días… de dónde sacaría la tarasca? (tarasca=$$$)
Otra que venía de visita era Carla de Venezuela, también con el novio. Estaban en la casa de mi tía y bué… querían dormir, pero había más gente y yo intentaba sacarles la gente… cómo jode la gente!
Soñé que quería comprar miel en un lugar y había de todo, menos miel.
Que manejaba una especie de viga, apoyada sólo por uno de sus vértices, inclinada a unos 30 grados. Y era un gran problema pasar por debajo de las cabinas de peaje y doblar por las esquinas cerradas.
Soñé con varios compañeros de trabajo, en el trabajo.
Y soñé con un auto, que cuando ganaba una carrera, estallaba y tiraba colores para todos lados y el auto se convertía en un auto de los sesentas, volvia a estallar, tiraba colores y se transformaba en un auto de los treintas.
Hoy… soñé con vos… (probablemente, mañana, nadie quiera que sueñe con él).

Por Maxi G.

Transcripción, casi fiel, del original y con permiso de su autor.

Catrina

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

Pablo Neruda. 1904 -1973.

Un cuentecito

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revolver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

El insomnio por Virgilio Piñera. Cárdenas, Matanzas, 4 de agosto de 1912 – La Habana, 18 de octubre de 1979.

Temporalmente cerrado por felicidad

Es tan temprano que casi no hay luz afuera.
Estoy parado junto a la ventana.
Tengo una taza de café en la mano,
y en la cabeza lo que a aquellas horas
se suele confundir con pensamientos.
Entonces veo al chico con su amigo
que vienen por la calle
para entregar el diario.
Tienen puestas gorritas y pulóveres,
y uno transporta una mochila al hombro.
Tan felices están
que ni abren la boca, estos dos chicos.
Creo que, si pudieran,
se tomarían del brazo.
Es muy temprano de mañana, y ellos
están haciendo este trabajo juntos.
Se acercan lentamente.
El cielo ya comienza a iluminarse,
aunque la luna cuelga pálida sobre el agua.
Tanta belleza que, por un minuto,
la ambición o la muerte, o incluso hasta el amor,
nada tienen que ver con todo esto.
Felicidad. Viene sin que la llamen,
y trasciende cualquier disquisición
matutina al respecto.

Por Raymond Carver.
Traducción de Zaidenwerg.

La petite mort

Por Gorka Lejarcegi.

«No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien no tiene nada de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.»

Por Eduardo Galeano.