Ventanas

Para Ana, mi hija

Vivo con cinco ventanas. Todas ellas con persianas transparentes. La luz se mete a chorros y cae como puede. También el viento. Ahora mismo atardece, cuando ellas dejan pasar sólo la luz que pone las cosas en contraste. Siluetas. No enciendo la luz de la lámpara a propósito. Esta es la hora de los agudos picos del claro oscuro. Esta es mi hora. Me pongo quieta, con las piernas recogidas y los pies sin zapatos. Escucho. El ruido de los aparatos de aire acondicionado viene bien con la penumbra. Un pájaro compite por el silencio. Quiero que pase rápido esta hora. Hay demasiada bondad, cuando ellas dejan pasar sólo el contraste, los agudos picos del claro oscuro. Y es que extraño tu voz y un calor lindo que solía pasar de tu mano a la mía, cuando vivíamos con tres ventanas.

…y la Tierra tiene un tono azul

Fragmento de la frase dicha por Gagarin.

Blue Earth

Llegué a casa y Ana me grita con orgullo:
– ¡Mamá, hoy es el día de la Tierra!
– Sí y ¿sabes por qué?
– No. ¿Me lo contás?
– En el año 1961, un 22 de abril, Yuri Gagarin fue el primer hombre que vió a la Tierra desde el espacio.
Ana me escuchó con atención, aunque los ojitos le brillaron más cuando supo que Gagarin dijo que se veía azul desde allá afuera.
Pero no. Me equivoqué. La Tierra fue vista por el astronauta soviético el 12 de abril de 1961 y hoy es el Día de la Tierra porque se le ocurrió a un senador en Estados Unidos.
Mmm, estos días que he charlado tanto de las dos polaridades en las que ya NO se divide el mundo, políticamente hablando, tenían que terminar con un acto fallido.
O es sólo falta de información y de memoria.

Del 2013

La Street photography tiene muchos nombres de grandes fotógrafos. Los dedos de las manos no me alcanzarían para enumerarlos. Todos han hecho su propia interpretación de las escenas ordinarias que nos rodean y sólo ellos han sabido mirarlas de forma muy particular.
Pero la Street photography tiene un color y es el de las fotos de Saúl Leiter.
El año que recién termina, nos deja huérfanos de este fotógrafo de perfil bajo, que muchos han comparado con Edward Hopper, por la similitud del resultado artístico.
Leiter fue un pionero en el uso del color en las fotos que tomaba por puro placer. Hasta adquiría película y papel vencidos para experimentar con los sepias y los sobretonos; jugar con lo que su oficio de fotógrafo de moda no le permitía. Fue un pintor frustrado y descubrió que la cámara le obedecía mucho más que el pincel y el lienzo.
No se limitó a probar con el color, también usó las técnicas de exposición y composición que involucran a los reflejos, el recoveco de una calle, el gesto ingenuo de un transeúnte, la abstracción del desenfoque. La mirada que busca, descubre y crea esas joyas escondidas que el ojo del pintor seguramente ya había esbozado en una página en blanco.
La producción más conocida de Saúl Leiter, esa que se exhibe en museos y edificios ilustres, es en su mayoría, del final de la década del 40 e inicio de la década del 50, del siglo XX. ¡Y quién duda de la modernidad de esas tomas! Mucho menos de su belleza, que nada tenía de convencional y que hacía brillar, sobretodo, a la ciudad de Nueva York, de una manera única y contemporánea.
Saúl Leiter murió el 26 de noviembre de 2013, a los 89 años.

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Espejo

Reflejo en blanco y negro

Encuentro sus anteojos sobre la mesa. Los tengo unos segundos en mis manos y cambio los míos por los suyos.
Salgo de casa y me paro quietecita en la acera, con la espalda pegada a la pared de la fachada. Intento adivinar la vida a través de esa mirada.
Veo a mi alrededor la calle, la muchacha con la media rota y los tacones altos, el semáforo, el papel que planea sólo con un poco de viento sobre el asfalto, el pelo atado con la horquilla, el paragüas soportando tantas gotas.
Sonrío. Todo está desenfocado.
Tal vez el truco no sea intercambiar los anteojos para saber cómo mira, quizás lo que importa es encontrar el reflejo en sus ojos.

Sunset Pier

009 Sunset

Se encendían las lamparitas y el Sol todavía no iniciaba su caída. La caída diaria, observada por todos esos turistas en primera fila, en segunda y hasta en tercera, levantando los brazos, mientras la cámara a esa altura, intentaba el registro, ciego casi, del evento repetido.
El Sol le ofrece un show a Key West y no le cobra. Se deja mirar y acariciar ese naranja, con las velas de los barcos, también llenos de turistas.
Nada empaña el espectáculo que además tiene música en la voz de un negro que camina, cada día, desde el barrio de los negros hasta Duval Street y baja, cansado, hasta el muelle. Él canta esas canciones que nos gustan, las mismas que nos han enamorado y pertenecen a nuestra historia. Al Green, Marvin Gaye, James Brown, son recreados en la maravillosa voz de este hombre anónimo de Key West.
La tarde avanza, el Sol se esmera, puntual, en una performance brillante, mejorada, enorme.
Yo lo vi cerca de mí, lo ví tocar mi mano, lo respiré.
Y le tomé un par de fotos, ya que estaba.

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