Antes del último escalón no hay más luz. Una mano me ayudó a caminar, a sentarme. Luego, viento, lluvia, palabras, risas, música, aroma a hierba, tisana. Todo, menos los ojos.
Fui perdiendo el rumbo, más aún en el momento en que después del baile, un abrazo me lanzó a no sé dónde. Todo, menos los ojos.
No supe quién fue, pero si toco sus manos la descubro.
Ojos cerrados en el Centro Cultural Sendas del Sol.


