– Feliz día!
– Gracias, igualmente. El amor hoy tiene la forma de un postoperatorio de hemorroides.
– Ja! Hay mil variantes.
(Tomado de los mensajes de texto de un teléfono móvil)
Autor: ZoePé
Carnaval
Hablo a los gritos muchas veces, porque no me escucho; subo los decibeles para sentir mi propia voz. Cuando hablo bajo, es diferente; como más reflexivo. Aún mejor es cuando no hablo, que se me sale todo por los ojos; quien mira y conoce, entiende.
Detrás de la máscara, de las palabras a gritos, del silencio cuando hablan los ojos tengo otras ganas. De proyectos, de juntarnos, de pensar un poco en el mes que viene.
Agarro la llave y cierro la puerta de casa. Así mantengo la máscara, la palabra a gritos, el silencio cuando hablan los ojos.
Hoy es el primer día de carnaval.
Francis y yo
The Godfather fue la primera película que ví de Coppola, en un cine de la ciudad de Belgrado. Yo tenía 8 o 9 años y mi madre insistía en llevarnos a ver cosas para adultos que a la verdad nos aburrían bastante a mi hermano y a mí. De cualquier manera la famosa secuencia del caballo muerto en la cama de uno de los personajes se quedó muy cercana en mi memoria y años después cuando elegí ver la peli, entendí muchas cosas que antes me habían pasado inadvertidas.
Desde entonces he seguido la carrera de este hombre como la de ningún otro director de cine. La mayoría de las cosas que ha hecho me gustan, aún aquellas que han sido rotundos fracasos de taquilla, además de llevarlo a dilapidar en esos proyectos gran parte de su fortuna personal.
Como ejemplo, una breve cronología de altos y bajos:
1972 The Godfather (two thumbs up)
1974 The Conversation (two thumbs down)
1974 The Godfather. Part II. (two thumbs up)
1982 One from the Heart (two thumbs down)
Casi que financiaba un desastre con lo obtenido en un éxito anterior y de nuevo a empezar de cero.
No obstante las opiniones de críticos, entendidos y público, me gustan los desaciertos de Francis.
Gracias a One from the Heart conocí a Tom Waits y no es un dato menor en el compartimento musical de mi bolso amarillo.
La banda sonora original de esa peli es el primer disco que compré en Amazon, que para los que hemos vivido detrás de la cortina de hierro es algo relevante.
The Conversation sigue siendo una de mis pelis favoritas; oscura, sórdida y perturbadora como pocas.
Rumble Fish es la mejor peli en la que ví a Mickey Rourke.
La historia Life without Zoe de New York Stories, me encantó, aún cuando fue la que peor suerte corrió de las tres.
Podría seguir citando, con el riesgo de aburrir a los que por acá pasan a cada rato.
Coppola resume su actitud como hacedor de películas en una frase, a propósito de la falta de presupuesto, cuando rodaba Apocalypse Now.
Okay, antes de caer al abismo, hagamos de esto una gran película.
S, el bonsai
Voy a publicar tu foto en la prensa (bis)
El salón estaba afuera, en el patio de la enorme casa. Pero en realidad era como una parte separada de ella con su propia cocina y un baño. No tenía techo, muchos árboles rodeaban el área embaldosada, donde también había bancos y mesas, de esos que se hacen con cemento y venecitas. La casa blanca le llamaban y no por ninguna semejanza con la realidad. Sólo por eso; su color era (o todavía es) blanco.
Esa noche el patio de la casa blanca se iluminó con las luces de una fiesta. Los primeros llegaron cerca de las diez de la noche cuando todavía la música que sonaba era tímida y no invitaba a bailar.
Una hora después los asistentes se multiplicaron y cerveza en mano movían sus cuerpos acompañados o no, al son del son, que no por gusto «es lo más sublime para el alma divertir».
Alejandro delgadísimo, viejo amigo de mi hermana se me sentó al lado después de dejar a su compañera de baile, unas mesas después de la ceiba grande.
– ¿Te cansaste? ¿Te traigo algo de tomar?
– Dale, estoy sediento.
Nos sentamos a tomar las dos cervezas que conseguí y fue cuando empezaron a escucharse los hits bailables del momento.
La compañera de Ale se había ido o al menos no se la veía cercana.
– ¿Bailamos?
– Sí, pero mira que yo no soy muy buena.
– Si tú eres hermana de Cuca, sabes bailar bien. Vamos.
Una pieza, la otra y todavía una más y yo bailaba como una experta en los brazos de Alejandro. Creo que pasaron cinco cambios o seis y ahí seguíamos dandole vueltas a la plataforma principal, sin nadie más alrededor nuestro.
La síncopa cadenciosa de la canción de Los Van Van, nos sorprendió abrazados y besándonos, agradecidos por tan perfecta sincronización.
Siempre que escucho ¡Qué sorpresa!, recuerdo esa noche y a Alejandro, que hoy es padre de familia, sigue siendo un excelente bailador y amigo de mi hermana.
Qué sorpresa por Los Van Van. Lo último en vivo, 1994.
A Alejandro Pila, con cariño


