En la bruma de la tarde

Robert Doisneau. Les amoureux.

El calor arrecia a pesar de que el sol no aparece. La humedad hincha los bronquios y las puertas de madera. No sabemos qué hacer después del almuerzo en medio del bochorno denso de Buenos Aires, esta tarde.
Leo un e-mail en voz alta, lee un poema de Bolaño en voz alta.
Lo miro. Sus ojos se duermen, pero sigue leyendo.
El ruido de la calle se cuela despacito porque es sábado en el contrafrente. Hay una muchacha francesa ahora mismo en este cuarto. Él la mira y sonríe. Él la mira y dice: llévame a Francia.

Astromelias o el fin de la soledad

Las palabras. No hay que renunciar a las palabras. Ellas nos distinguen de los demás animales. Pero hay momentos en que no nos asisten.
Yo podría decir muchas, ahora, cuando ya es una certeza la corporeidad de ciertos eventos: la mano cercana, la caricia a punto. Tengo un montón por aquí; mías, de otros, tuyas. Aunque ninguna va a aliviar el desgarro de la despedida, la tristeza del abandono, el desarraigo, otro desarraigo.
Sólo puedo, hoy, poner las astromelias amarillas en agua. Un buen ramo de astromelias.
El sábado estarán abiertas y su aroma espera, sutil, tu llegada.

Catrina

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

Pablo Neruda. 1904 -1973.