Luna, luna, luna llena; menguante.

La noche casi siempre acompaña mejor. Ahora no. Ahora la noche tiene una pareja.
Hay calor, mucho, en Buenos Aires y aún así, tocar sus pies es un lujo. Los pies de él, no los de la luna.
Ella es otra cosa. Su luz en estos días ha alumbrado los cortes de electricidad y el bochorno de la noche sin aire acondicionado. Ella asiste, sola y hermosa. No puedo dejar de mirarla, tampoco a él. Me embrujan ambos. Me ilumina la luz de ella, me apaga la luz de él.
El fin de año huele a viento del Caribe, impostado en otros lares. El fin de año me tiende un abridor, con cuchillita, para el Sauvignon Blanc que ahora se enfría en el freezer de la casa de Villa Pueyrredón.

Tonada de luna llena por Caetano Veloso. De Simón Díaz.

Bicicleta

El sol, el calor y el buen clima de diciembre son los dueños del verano.
Alguien cercano me ha hecho notar un detalle de la ciudad. Y es a partir de esa observación que me fijo, mientras camino largamente en estos días, para confirmar que sí: la mayoría de las bicicletas que ruedan por Buenos Aires están conducidas por mujeres.
Pienso en varias razones que me llevarían a una disquisición de género: que si las mujeres son fuertes en lo físico, y por ello eligen ese tipo de transporte que exige cierto estado aeróbico y de bienestar en las articulaciones; que si los hombres prefieren viajar en el subte o el colectivo, para no mancillar su reputación de traje y corbata yendo a la oficina de la city porteña. Pero no. Prefiero mantener en mi cabeza la imagen de Audrey Hepburn y su elegancia a pedal por las calles de Roma, quizás en un verano muy parecido a este, de aquí y ahora.

Update 17-12-2010.
Un amigo ha hecho una acotación importante. Lo que conduce Audrey Hepburn en la película Vacaciones en Roma es un Scooter y no una bicicleta. Y aquí hago honor a su comentario. Gracias Nacho.