La noche casi siempre acompaña mejor. Ahora no. Ahora la noche tiene una pareja.
Hay calor, mucho, en Buenos Aires y aún así, tocar sus pies es un lujo. Los pies de él, no los de la luna.
Ella es otra cosa. Su luz en estos días ha alumbrado los cortes de electricidad y el bochorno de la noche sin aire acondicionado. Ella asiste, sola y hermosa. No puedo dejar de mirarla, tampoco a él. Me embrujan ambos. Me ilumina la luz de ella, me apaga la luz de él.
El fin de año huele a viento del Caribe, impostado en otros lares. El fin de año me tiende un abridor, con cuchillita, para el Sauvignon Blanc que ahora se enfría en el freezer de la casa de Villa Pueyrredón.
Tonada de luna llena por Caetano Veloso. De Simón Díaz.
