Sabiduría

Una mujer
que pasa en bicicleta
a las dos de la mañana,
hermosas piernas morenas
bombeando los pedales
mientras la brisa le alza el vestido
y revela
un perfecto milagro
de carne femenina en movimiento.

Nuestros ojos
se cruzan un momento
y ya se ha ido.

Son cosas como ésa
las que te hacen darte cuenta
de lo poco que realmente sabes
de nada.

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Por Roger Wolfe.
Fotos de Frank Guiller.

I’m nobody

Me gustan los atajos. Cortar camino, como le dicen en la isla que duele. Pero no por ahorrar tiempo. Sino por la transgresión, por tomar un rumbo que no está del todo permitido.
Y esa es la única transgresión que me permito. Porque soy muy adaptadita, tratando de pasar inadvertida por el mundo. Hace bastante que descubrí eso, que quiero pasar sin dejar ni rastro. Hay quien cree que es irresponsabilidad, otros creen que es doble personalidad y hay por ahí alguno que piensa que es cinismo. Están equivocados; soy nadie.

I’m Nobody! Who are you?
Are you – Nobody – too?
Then there’s a pair of us!
Don’t tell! they’d advertise – you know!

How dreary – to be – Somebody!
How public – like a Frog –
To tell one’s name – the livelong June –
To an admiring Bog!

Emily Dickinson

Pasando páginas

Todo eso que encierra la palabra venganza es lo primero que vemos en la película La tourneuse de pages de Denis Dercourt. Pero si miramos mejor, hay otras aristas, muy jugosas, que el director, las dos actrices principales y en especial, el fotógrafo Jérôme Peyrebrune nos ofrecen, en una pieza chiquita y al mismo tiempo elegante e inteligente.
El cine francés, en general, apuesta por lo que no se dice. Permite, a los que asistimos a sus entregas, un vuelo imaginativo notable, sin esos golpes bajos de manipulación que inmediatamente llevan las sensaciones por caminos más trillados. Sin embargo, en esta película, la cámara dice, es tendenciosa, es la que pone la densidad de las secuencias, la que marca lo enrarecido y perturbador que envuelve a esta historia; bien contada con muy pocos recursos y excelentes actuaciones. Y no nos empuja a los mismos trillos, por cierto.
Subyace, más allá de lo evidente, un retrato social que en primer plano dibuja a la envidia, a la intolerancia, a la diferencia de clases y a esa pose pública que algunas gentes sostienen para esconder sus propias miserias.
Una película recomendable. No para los grandes y aclamados festivales, ni premios de la Academia. Sólo para una velada, en casa, después de cenar y antes de la medianoche. Porque después, ya sabemos, nos convertimos en calabazas.

La tourneuse de pages de Denis Dercourt. 2006.

Las causas justas

Sebastián Corbat entró a nuestro equipo en el 2000, creo. Trabajábamos en un mismo proyecto y él era parte del team que desarrollaba en Lotus Notes. Fue un gran proyecto ese, mucha gente. Diría más, mucha gente buena. Por eso nos quedamos conectados cuando el proyecto terminó o cuando algunos nos fuimos a otros lados.
Así fue que asistimos a bodas, nacimientos, bautismos, fiestas varias de reencuentro, con el único pretexto de vernos de nuevo, bajo el ala maravillosa y bendita de la buena amistad.
Sebastián, en un momento, se fue a trabajar a Chile. De allí volvió con Angélica para no soltarle la mano nunca más. Recuerdo que cuando conocimos a Angélica, nosotros, los que habíamos sido parte de ese proyecto de trabajo y que ya éramos una familia elegida de amigos, aprobamos tácitamente la elección de Sebas. Ella nos conquistó también con su sonrisa y su mirada, que parece estar siempre húmeda. Luego la vida siguió, para ellos, para nosotros.
Florencia, el primer bebé de Sebas y Angélica llegó unos años después de que en Chile se encontraran. Y de nuevo nos convocó el evento para agasajar el aumento de la familia. También, llegó Vicente, el hermano de Florencia. Y la vida siguió, para ellos, para nosotros.
Ahora, desde hace algunos meses, la vida se ha detenido un poco. Sebas está enfermo y necesita ayuda para mejorar. Necesita ayuda para que la mirada de Angélica se mantenga sólo húmeda y no se convierta en un río de lágrimas.
Sebas, nuestro amigo, necesita ayuda. Es una muy buena razón, para nuevamente, reunirnos bajo el ala maravillosa y sanadora de la amistad.