Las series

Ando viendo The Sopranos en continuado. Varios fueron los que me recomendaron hacerlo y a pesar de que no me engancho y esta serie no es la excepción, cuando un domingo estás en casa y no hay mucho para hacer que sea interesante, ahí me tienes frente a la tele pasando uno tras otro los episodios.
Ahora voy por la segunda temporada, de gran opening. La canción en la voz de Sinatra, es uno de esos lujos que no importa la serie, la película o whatever.

The Sopranos. Opening Second Season.

e-Nojo

No se si es bueno que el día empiece así. Hay una ligera bruma afuera. En mi escaso paisaje, poblado de antenas, sólo destaca el cartel publicitario del contrafrente durísimo de cemento y ladrillos.
Leo lo que se escribe en otros lados y se me atraganta un insulto. El blog, como el papel, lo aguanta todo.

Bendita lluvia

Parece que alguien con un trapo limpió el vidrio de la ventana. Después de la lluvia todo se ve más brillante, como recién lustrado. Ha llovido durante horas en Buenos Aires. Ana y yo anduvimos por la ciudad a pesar del mal tiempo porque nos gusta la lluvia, sortear los charcos y las baldosas flojas. Fuimos a buscar unos almohadones para el living y no nos decidimos por nada. A la vuelta tomamos helado sentadas frente a dos turistas que se la pasaron haciéndoles morisquetas a Ana, que se reía de ellas por lo bajo.
Antes, por la mañana, logré conseguir el nuevo disco de Carlos Varela y no paré de escucharlo cuando caminábamos en la lluvia. Algo así sonó en mis oidos junto con el agua que caía haciendo su propia música.

De vuelta a casa por Carlos Varela. No es el fin, 2009.

Presente

Cinta

«Yesterday is history, tomorrow is a mystery. Today? Today is a gift. That’s why we call it the present.»
Oogway dixit. Kung Fu Panda, 2008.

Mi prima, mi hermano y yo vivíamos en la misma casa, cuando éramos chicos. La casa de mis abuelos era para nosotros el refugio y el centro de todo.
En vida de ellos el día empezaba antes de las seis de la mañana, con los preparativos para ir a misa en la iglesia de Los Pasionistas. Al regreso mi abuela hacía el desayuno. No es casual que hoy acostumbro a desayunar lo mismo que ella consideraba que debían comer los adultos a la mañana: dos tostadas y una taza grande de café fuerte.
Después cada quien ocupaba el tiempo en sus propias cosas y a la tardecita los niños nos juntábamos a merendar en el comedor de la cocina. Y mi abuela desplegaba su fantasía. Los lunes tenía regalos para los que se habían portado bien, los martes para las nenas, los miércoles para los varones, los jueves para mi abuelo, que como estaba muy viejo era un niño más y los viernes tocaba el regalo de fin de semana. De mi abuela heredé el placer de regalar y creo que el buen criterio para dar a los demás lo que me gusta.
Los cinco mejores regalos que hice fueron, un paliacate rojo, una foto, una cadena de oro, el libro de la poesía completa de Eliseo Diego y el último fue un disco de Jeff Buckley.
También puedo hacer una lista de los cinco mejores que he recibido, pero la memoria puede fallar o ser injusta; la curva del olvido crece con el tiempo y la selectividad favorece a los eventos más recientes. Desde hace unos años los que recibo con más placer son momentos, ratos de pasarlo bien, con buena compañía, en paz. A veces comiendo algo rico, tomando un buen vino, otras el disfrute del espacio propio, con un libro, cuando escucho música o veo una película.
Un regalo que recuerdo en especial, es el de los discos de Tom Waits (¡todos!) que un amigo me acercó de una manera muy original.
¿Cuál es el éxito de un regalo? Pienso que es la sorpresa. Aunque en estos tiempos que corren la capacidad de sorpresa es inversamente proporcional al cinismo del que nos vamos llenando, sólo para sobrevivir y no andar tan expuestos por ahí.
Si quiero ser sincera debo decir que me encantaría recibir un regalo. Mejor, me gustaría tener una sorpresa. Que mis ojos no puedan creer lo que ven, que mi boca permanezca abierta en una sonrisa que no se borre fácilmente, que el corazón se vaya solo a dar una vuelta a la manzana.
Anoche sentí que había como una predisposición a la sorpresa, algo pasaba, se podía tocar en el aire. Al final de la noche no pasó nada. Luego me dí cuenta que era sólo el deseo de ella y que no habrá regalo mientras siga esperándolo.

La verdadera historia del reloj de cuarzo

Cuando los investigadores suizos presentaron la revolucionaria idea del reloj de cuarzo a los fabricantes de relojes en 1967, la idea fue terminantemente rechazada. «Después de todo, no tiene resortes, no necesita ejes, no requiere engranajes, funciona con pilas, es electrónico. De ninguna manera puede ser el reloj del futuro». Tan seguros estaban los fabricantes suizos de tal conclusión que permitieron que sus investigadores exhibieran su inútil invento en el congreso mundial de relojería de aquel año. La gente de Seiko le dio un vistazo y el resto es historia.