A cenar

Chez Robert et Louise. Por ZoePé. París, noviembre de 2007.

Anoche cociné con ganas. No parece ser un acontecimiento más que para mí. La cocina me gusta, me gusta mucho y también por supuesto me gusta comer.

El menú.
– Entrada: Coctel de langostinos según la receta que encontré aquí, sin las yemas (ya sabes que los huevos no son de mi agrado) y la salsa inglesa que no encontré en ningún chino cerca de mi casa.
– Plato principal: Salmón blanco a la miel con costra de papas.
– Postre: Mousse de chocolate blanco.
– Bebidas: Agua mineral y el Chablis de Colón, tan generoso y suave como pocos y muuuyyy barato.
– Té verde como infusión limpiadora o un trago mediano de ron Caney Añejo enviado por mi hermana, de la isla, hace quince días.

Mientras transcurría la cena, pensé en cuando ví a Anthony Bourdain hacer el salmón de esta forma en su restaurante de Nueva York. También en la recomendación que hizo en su programa de visitar a Chez Robert et Louise en París, del que tengo el recuerdo todavía fresco en mi paladar y el placer eterno de haber encontrado allí a Alejandro; cubano y chef de ese lugar.
Estoy retomando buenos y viejos hábitos. Me pone contenta eso. Quiero que lo sepas.

Efe

Después de, no sé, dieciocho años te gustó? apareció Efe. En febrero si no recuerdo mal o por ahí enero. Nos pusimos al día por teléfono y por mail y por MSN. Luego hemos hablado mucho más que una actualización. Efe me hace reir. Aunque le gusta Sabina y a mí ya no, Efe es fanático del café y de los perros grandes y es tímido también.
Anoche soñé que lo saludaba a Efe y le contaba que van a abrir un Starbucks en BAires.

Desayuno

Café fuerte, sin leche y sin azúcar. Tostadas de pan negro, dos. Queso crema. Mermelada de naranja y jengibre. Por ahí, jugo de naranja recién exprimido.
Así empiezan casi todos mis días. Y está bueno.

Dibujo

Anoche llegué a casa tarde. El silencio del contrafrente donde vivo es lo que más me gusta. Sólo se escuchan los tacos de la vecina de arriba y por ahí vibra un poco el piso cuando pasa el subte. En la tele el partido seis de los Spurs vs. los Hornets, que no alcanzo a terminar de ver. Tengo sueño. Deshago la cama, levantando la manta despacito y separo la almohada que aplasta mi ropa de dormir. No uso pijamas, sabés? No me gustan. Prefiero unos pantalones livianos y una remera, de esas que se ponen viejitas de tanto uso y lavados. Encima de la ropa veo el dibujo de Ana. Un corazón grande con carita y escrito con su letra dispareja: «Promoción de lunes a jueves, de viernes a domingos y feriados».
¿Entendés ahora por qué pude dormir casi ocho horas?

Bolaño

Hace poco menos de dos años conocí a un hombre que me llevó de la mano hasta Roberto Bolaño. Un fragmento de Buba me dejó con ganas de más. Leí, meses después, Los detectives salvajes y detrás Llamadas telefónicas y luego Putas asesinas y más tarde Estrella distante.
De la última entrevista concedida por Bolaño rescato la respuesta a esta pregunta.

– ¿Qué es la patria para usted?

– Lamento darte una respuesta más bien cursi. Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.

Recordé que debo preparar de una vez mi viaje a Blanes.