…que si hay algo que no me gusta es la vulgaridad.
Y me gusta mucho la bondad y la inteligencia. Pero bien.
Personal
De la esperanza
Veo los edificios que rodean la ventana de mi nueva casa. Es un paisaje urbano feo y duro. Aún así el sol sale un poquito hasta subir lo suficiente e inundar la cocina. Saboreo el café recién hecho, en la misma cafetera de la otra vez. Soy la misma, sabes? He cambiado y acomodé mi cuerpo y mi cabeza a nuevos espacios y países, a nuevas personas. Tengo una hija. Soy la misma, te digo de nuevo. Y aquí estoy esperándote, porque todo lo que ha sucedido me ha transformado en la misma persona que te miró un día y nunca más se fue de tus ojos.
Aquí estoy esperándote.
Reflexión de terapia
Es fácil. Es lo más fácil. La culpa es del otro, nunca de uno, eso es lo más fácil, insisto. Pero…, como diría una amiga, siempre hay un pero.
Porque también digo que un síntoma de la adultez es la responsabilidad. Y una vez que se establecen ciertos vínculos comienza a correr la rueda del hamster de la responsabilidad. Lo mismo para mantener los vínculos que para romperlos, cuando no podemos hacerle los honores que la responsabilidad merece.
Todo este palabrerío está resumido aquí.
Pide un deseo
Resumen
Fin de viaje. Madrid no develó todos su secretos. Me gusta porque es un buen pretexto para volver. Aunque el mejor de los pretextos es seguir recuperando una cercanía que tuvo una larguísima pausa de 17 años. Me voy a mi casa con un montón de pequeñas delicias, algunas fotos, libros, música muy bien tocada y una certeza: la culpa es de uno.
Le doy las gracias a Eugenio, Alberto, Rigo, Tenty, Pititi, Nacho y Luciana, Luisito, Felo, Daniel por estos días en los que fueron los mecenas de mi nada ilustrada (y casi vulgar) presencia en España.

