Melómano

Notes on hand by ino smurf.

Tengo una deuda. Una deuda de gratitud inmensa con un amigo que hace más de dos años me lleva de la mano por caminos de música. Su buen gusto, su fino sentido de la oportunidad para elegir los sonidos, es algo que no me deja de sorprender.
En algún lado él ha publicado un par de top five y top ten de sus canciones preferidas, aunque lo que más disfruto es el momento en el que deja en mis manos uno de sus compilados. Como un verdadero alquimista junta canciones que te cuentan una historia. Es un privilegio estar cerca cuando terminan de cocinarse esas historias para después salir a la calle, mientras el iPod toca y toca en los oídos el soundtrack de una película interminable.
Sé que todavía me quedan muchos años a su lado y verlo cómo busca, selecciona, la música que luego hago mía y recomiendo. Pero no quiero que pase un dia más sin agradecerle eso y también el beso de la mañana.

Un recuerdo

Belleville era sólo parte del nombre de una película antes de que mis pies pisaran durante veintidós días las callecitas que van desde la Rue Mélingue, en lo de Dominique, hasta la Rue Piat, donde vivíamos, bajando por Rue de Belleville, que luego se convierte en Rue du Faubourg du Temple, hasta la Place de la République. En medio, la estación Pyrénées de la línea marrón del metro de París.
Esa parte de la ciudad era el punto de partida y de llegada de nuestros largos paseos a pie. Caminé por ahí con sol, lluvia, frío, nunca con calor y miré cada negocio, cada cartel, las buhardillas, la esquina del Franprix y la intersección con el Boulevard de Belleville que lleva a Pére Lachaise.
Tengo muy frescas esas imágenes aún. Y una sensación tibia de compañía que no abruma y que a casi un año de esos días se acerca a algo parecido a una certeza.

No ojos

ojos-cerrados

Antes del último escalón no hay más luz. Una mano me ayudó a caminar, a sentarme. Luego, viento, lluvia, palabras, risas, música, aroma a hierba, tisana. Todo, menos los ojos.
Fui perdiendo el rumbo, más aún en el momento en que después del baile, un abrazo me lanzó a no sé dónde. Todo, menos los ojos.
No supe quién fue, pero si toco sus manos la descubro.

Ojos cerrados en el Centro Cultural Sendas del Sol.

Viajes

Luego de dos encuentros, el tercero fue en el aeropuerto. Arreglaron su primer viaje juntos, con apenas días de haberse visto a los ojos por primera vez. Un vuelo de cabotaje los llevaría a la insípida ciudad donde una señora en su abrigo rojo, los esperaba, mientras sostenía en los brazos a una perra blanca de mucho pelo. Las treinta y seis horas que siguieron a la llegada, los amantes se ajustaron el uno al otro hasta el cansancio. También les alcanzó el tiempo para ir de compras, hacer un buen almuerzo y deambular aburridos por la siesta del domingo.
El siguiente viaje fue más lejos. La partida, una conexión intermedia y el arribo a la inmensa terminal de una ciudad hasta ese momento sólo acariciada en sueños, fue el principio de veintidós días de largas caminatas, miradas atentas, perplejas, con el paladar satisfecho de bocados exquisitos; queso de leche cruda, pan y vino. El otoño bajo la luz de la ciudad más bella los alejó a pesar de la buena convivencia. Ella esperaba la intimidad de esos días como un niño el Día de Reyes, pero la magia sólo alcanzó hasta el quinto de ellos.
Al regreso, idas y vueltas, festejos de cumpleaños, un año que terminó, cambios de trabajo, decisiones tomadas para no comprometer el futuro de ambos, peleas, reconciliaciones, sexo, un poco de casi amor y de nuevo un plan de viaje, aprovechando la Semana Santa. Esta vez no fue. El Domingo de Resurrección los encontró a cada uno por su lado; ella sola, él no se.
Hoy ella le anuncia su próximo viaje, lejos. Él también anuncia uno, aunque cerca. Es de cabotaje, casi en igual fecha que el viaje iniciático de hace un par de años atrás a la ciudad de la señora y su perro.
Hoy los amantes son otros. Ahora sus sueños van como las vías, siempre paralelas e infinitas, separados los rieles por tabiques que hacen tender a cero la probabilidad de cruzarse.
Hoy comparten su viaje con un montón de recuerdos y alguna otra persona.