Las chicas se divierten

Estas son canciones que fui guardando cuando las descubrí. No se si dan para hilvanar una historia. Sí puedo asegurar que las letras y músicas, más, el carisma de las interpretaciones de estas veintidós mujeres son muy cercanas a mi sensibilidad.
La escuchábamos en casa, Ana y yo, y siempre que llegamos a la última canción recordamos a Lucía, la nuestra, que hoy tendría poco más de diecisiete años.
Ampliaremos…

https://open.spotify.com/embed/user/zoepe/playlist/6BvKTC05xVkh7eAy1x0xaK

1.- Fiona Apple, Extraordinary Machine
2.- Tori Amos, I’m Not in Love
3.- Mariana Baraj, La gota de rocío
4.- Sia, Breathe me
5.- Diana Krall, A Case of you
6.- Francisca Valenzuela, Afortunada
7.- Madeleine Peyroux, Dance me to the end of love
8.- Suzzane Vega, Caramel
9.- Joni Mitchell, Both sides now
10.- Nina Simone, My baby just cares for me
11.- Annie Lennox, Pavement Cracks
12.- Norah Jones, What Am I to You?
13.- PJ Harvey, We float
14.- Niña Pastori, No me pidas que no sea un inconsciente
15.- Etta James, Stormy Weather
16.- Xiomara Laugart, Eres nada
17.- Janis Joplin, Little Girl Blue
18.- Feist, Now at last
19.- Marisa Monte, Não é fácil
20.- Regina Spektor, Field below
21.- Ednaswap, Torn
22.- Rosario, Lucía

Julio de todos los cuentos

JC_por_Rep

JC por Rep

En otro lado dije que Rayuela, la eterna novela de Julio Cortázar, está sobrevalorada. Es una opinión personalísima y no intento con ello generar una polémica. Para gustos, los colores, diría mi abuela, con su acento gallego de los tres mil demonios.
A mí lo que me gusta de Cortázar son sus cuentos. He leído casi todos, desde que Circe, que después supe formaba parte de Bestiario, llegó a mis manos en una hoja mimeografiada con notas de los lectores anteriores en los bordes. Esa historia pasó por mis manos a las de otro lector en la isla que nos parió, sin embargo, me dejó un insomnio perenne y el temor absoluto por las cucarachas.
A partir de la ópera prima que Cortázar presentó para mis escasos años, allá por 1984, cuando ya él había muerto (maravillas de la letra impresa), busqué sus cuentos como el oro del Potosí. Y ninguna de sus novelas, ni todas esas citas que inundan hoy el ciberespacio, que bien o mal se le adjudican, pudo cambiar mi gusto por sus cuentos. Cuentos perfectos.
Sólo su libro de reflexiones sobre el arte, la literatura y la música, que fue La vuelta al día en ochenta mundos, se une a los cuentos. Cortázar fue la primera persona que puso el jazz delante de mis oídos, así que ya voy juntando varias cosas que le debo.
Hoy Julio Cortázar cumple 100 años. Y no digo cumpliría, porque mi insomnio persiste.
Mi marido esperó todo el día porque yo escribiera este post. Y yo le cumplo. A Julio también.
¡Feliz cumpleaños!

Ellos son música

Soy de una isla donde la música es parte del aire.
En particular, la casa en la que crecí, un pedacito de esa isla, era una mezcla de gallegos y extremeños y así fue también lo que allí escuchábamos.
Sin embargo, hay un lugar en el mundo en el que la música es un modo de ver y entender nuestro paso por él.
Brasil y su portugués, Brasil y la herencia de los negros y el fado, Brasil y el sonido del tambor, el birimbao o el cavaquinho.
Brasil es el país de la música. Como esta que hacen, simplemente, Marisa Monte y Carlinhos Brown.

Vide Gal de Carlinhos Brown.

Una canción de cuna

Eras tan chiquita, que podía apoyar tu espalda sobre mis muslos y verte completa. Me gustaba tenerte en mis brazos, tu mejilla apoyada en mi hombro mientras yo cantaba o tarareaba alguna fuga de Bach.
Mi voz, desafinada siempre, no te molestaba, creo. No como ahora, que me dices, «calláte má!» con tu acento porteño.
Recuerdo muchas canciones de esa época, de ese invierno del 2003.
Especialmente una, que ahora vuelvo a cantarte, al oído, bajito, para que sólo la escuches tú, Ana.
Dale play y presta atención, hija.


You can close your eyes de James Taylor.
Por Eddie Vedder y Natalie Maines.

Opa Locka

Rain-Opa Locka

En Opa Locka siempre llueve, decía, cuando el viaje parecía malograrse por el palo de agua que caía en la expressway.
Llegué tomada de su brazo, como si fuera el baile del pueblo. La lluvia insistía con persistencia de niño majadero. No había ni un árbol, ni un techito para guarecerse. Las gotas empezaron a hurgar mi cuello, mi espalda, la cintura; esos surcos tan personales.
En la casa ya todos daban cuenta del whisky comprado en el Liquor de la 27 y la 16. Tienen buenos precios allí, me dijo quedito, como para que nadie se enterara. Alguien sacó una guitarra y otro, por allá, trajo las tumbas y un bongó. El primo se acercó con una olla de chilindrón, prometiendo traer también arroz blanco y tostones, menú de carta cerrada en restaurante de lujo.
La música viva, en vivo, vivida por los músicos en sus vidas anteriores, inundó la tarde, el patio.
Su brazo seguía ayudando mi mano, ahora con más complicidad, en íntima y discreta caricia, siguiendo la música, las voces, el coro del que formábamos parte.
Ella fumaba sentada cerca de mí, mientras celebraba mis zapatos de cuero y cordones, con unas palabras dichas graciosamente al oído. Nosotros mirábamos sus casi 90 años con asombro. Mi tristeza sonreía al ver su acicalado vestuario, sus aretes de fantasía y la mirada aun joven.
Por un rato fui feliz en Opa Locka.