Cuatrocientos ochenta y nueve

Cumple años La Habana. La ciudad en la que no tengo que mirar las señalizaciones para saber en qué calle estoy, donde no tengo que contar las paradas de la guagua para saber en cuál bajarme, el lugar que tenía tanto de mí como yo de él.
La ciudad de las columnas, La Habana elegante, la que no aguanta más, la villa de San Cristóbal de La Habana, la del Patrimonio de la humanidad.
Mi Habana.

Sábanas blancas por Gerardo Alfonso. Sábanas blancas, 1995.

Habana, mi vieja Habana
señora de historias de conquistadores
y gente, con sus religiones
hermosa dama.
Habana, si mis ojos te abandonaran
si la vida me desterrara a un rincón de la tierra
yo te juro que voy a morirme de amor y de ganas
de andar tus calles
tus parques y tus lugares.
Cuatro caminos
virgen de Regla, puerto de mar
lugares vecinos
el largo muro del litoral
el Capitolio y Prado con sus leones
y sus visiones.
Sábanas blancas colgadas en los balcones.
Habana, mi gran Habana
costumbre de darle una vuelta a la ceiba de noche
y fiestas en casas de barrios modernos y pobres
de gente noble.
Virgen del camino
Nuevo Vedado residencial
lugares vecinos
faro del Morro y la Catedral
barrios pequeños llenos de tradiciones
y emociones.
Sábanas blancas colgadas en los balcones.

En sábado

Invade la nostalgia. Repaso viejas cartas, libros, rememoro encuentros, discusiones, caricias en mi pelo. Las cosas no pueden ser como antes, las cosas serán como las siembre ahora. Me gusta mi vida, pero hoy, esto es lo que hay.

Iceberg por Santiago Feliú. Sin Julieta, 2002.

Tu corazón es un iceberg,
una manera de soportar
la necedad y el desaire,
alma, roca de acero y cristal.
Maldita la avalancha
de vacío sobre ti…
La decepción y el ultraje,
iceberg, hicieron tu corazón.
Tu corazón sin idioma,
desencontrado,
la latitud sin ahora,
atemporado,
una gaviota vieja escondida,
el desplendor del ansia aburrida,
un solitario mundo sin porqué.
Tu corazón es un iceberg,
alma, roca de acero y cristal.

Melómano

Notes on hand by ino smurf.

Tengo una deuda. Una deuda de gratitud inmensa con un amigo que hace más de dos años me lleva de la mano por caminos de música. Su buen gusto, su fino sentido de la oportunidad para elegir los sonidos, es algo que no me deja de sorprender.
En algún lado él ha publicado un par de top five y top ten de sus canciones preferidas, aunque lo que más disfruto es el momento en el que deja en mis manos uno de sus compilados. Como un verdadero alquimista junta canciones que te cuentan una historia. Es un privilegio estar cerca cuando terminan de cocinarse esas historias para después salir a la calle, mientras el iPod toca y toca en los oídos el soundtrack de una película interminable.
Sé que todavía me quedan muchos años a su lado y verlo cómo busca, selecciona, la música que luego hago mía y recomiendo. Pero no quiero que pase un dia más sin agradecerle eso y también el beso de la mañana.

Memoria de las manos

Guardo en mis dedos un archivo inmenso. Sólo que la memoria hace un refresh cuando entra de nuevo en contacto.
Por eso hay texturas que ya olvidé, que no recuerdo en lo más mínimo.
Por eso, ahora, mis dedos están llenos de vivencias, de suavidades, de formas simples y blancas, con aroma de calabacines e hinojo y compañía en cortos e intensos desayunos de días de semana.

Afortunada por Francisca Valenzuela. Muérdete la lengua, 2007.

Qué vivan los novios

Por Liniers. Macanudo, 10 de octubre de 2008.

D me mira a los ojos para que sepa que está feliz. D ha vuelto a comprometerse. D es de esas personas que confían y apuestan de nuevo a pesar de que ha tenido experiencias que no son lindas.
Yo lo veo con ese brillo especial que pone el amor en la cara de la gente cuando dice «listo, escuché la propuesta, lo pensé un rato y el lunes vamos a firmar en el civil». Me alegro tanto por D, la verdad.
Mientras, sigo pensando en un plan de vacaciones, aún en medio de todo el lío que hay con la economía y demás hierbas, aún cuando planear sola no me gusta para nada.
Pero estoy feliz por D.