Bendita lluvia

Parece que alguien con un trapo limpió el vidrio de la ventana. Después de la lluvia todo se ve más brillante, como recién lustrado. Ha llovido durante horas en Buenos Aires. Ana y yo anduvimos por la ciudad a pesar del mal tiempo porque nos gusta la lluvia, sortear los charcos y las baldosas flojas. Fuimos a buscar unos almohadones para el living y no nos decidimos por nada. A la vuelta tomamos helado sentadas frente a dos turistas que se la pasaron haciéndoles morisquetas a Ana, que se reía de ellas por lo bajo.
Antes, por la mañana, logré conseguir el nuevo disco de Carlos Varela y no paré de escucharlo cuando caminábamos en la lluvia. Algo así sonó en mis oidos junto con el agua que caía haciendo su propia música.

De vuelta a casa por Carlos Varela. No es el fin, 2009.

Leve

El clima ayuda. La severidad del invierno con todos sus trapos, los días fríos y largos, poco a poco según va pasando octubre, deja lugar a cierta levedad. Sobre todo en la ropa. Porque de esto se trata hoy, de la levedad en el vestir.
Hoy subió la temperatura a 30 grados y aunque el pronóstico indique que para el domingo vuelve a bajar (¡ah las veleidades de la primavera!) hoy, lo que se dice hoy, andamos con vestidito y zapaticos bajos, sin medias largas (ni cortas) y los hombros se descubren al sol de Buenos Aires con un poco de desenfado.
Encima, me encuentro con lo que suena ahí, en la ventanita esa. ¡Esa esa, la del video! ¿La ves? Que no es nada del otro mundo pero me gustó y lo quiero compartir contigo.

I love your smile (live acoustic) por Charlie Winston.

Ser virtual

Ser virtual

A propósito de un comentario del post anterior y muy a pesar de la prescripción médica que indica que no hay que pensar, sólo sonreir, me puse a reflexionar sobre las relaciones virtuales, sus bondades y defectos.
Tengo un presente brillante y luminoso que como un regalo hace que cada día me levante renovada por la mañana. Pero sí, muchas veces remo para atrás, muy especialmente cuando se trata de las relaciones interpersonales. Porque no andan muy claras las cosas en ese rubro; cada vez hay más gente sola, comunicándose por medios electrónicos y evitando el contacto real, el que no es ni por un minuto reemplazable por medio golpe de los dedos en el teclado.
Hago lo mismo, eh? No estoy exenta de esas prácticas, pero es ahí donde aflora la nostalgia y la añoranza por los tiempos en los que tomarse una cerveza con alguien, hablando del mundo y sus adelantos era la mejor y más sana manera de ocupar el tiempo libre.
Adhiero, aunque no siempre lo haga, la frase de George Brassens: «La amistad no pide nada a cambio, salvo mantenimiento».
Por un rato no más, me encantaría que desaparezcan todos los medios electrónicos de comunicación a ver si me reúno de verdad con un par de gentes a las que tengo muchas ganas de ver y abrazar.
Mientras, voy a responder un par de e-mails, algunos comentarios en Twitter, en Facebook, donde además debo actualizar mi status y tener a mano el celu porque me han llegado algunos mensajes de texto.
¡Nos vemos!

Big Bang

Big Bang

Si de vez en cuando encontramos páginas que explotan, páginas que hieren y estigmatizan, que arrancan gemidos y lágrimas y maldiciones, sepan que proceden de un hombre arrinconado, un hombre al que las únicas defensas que le quedan son sus palabras y sus palabras son siempre más resistentes que el peso yacente y aplastante del mundo, más resistentes que todos los potros y ruedas de tormento que los cobardes inventan para machacar el milagro de la personalidad. Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar lo que es realmente experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, que volaría en pedazos, y ningún dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo.

De Trópico de Cáncer por Henry Miller. Nueva York, 1891 – Los Angeles, 1980.