…
Oh I could drink a case of you darling
Still I’d be on my feet
I would still be on my feet.
A Case of you de Joni Mitchell por Diana Krall.
…
Oh I could drink a case of you darling
Still I’d be on my feet
I would still be on my feet.
A Case of you de Joni Mitchell por Diana Krall.
El calor apura, aún cuando sabemos que mientras más rápido caminamos más calor sentimos. Pero también apura la hora de almuerzo que se hizo larga. No obstante, como siempre, voy mirando todo y a todos. La peatonal llena; gente con bolsas, hablando por teléfono, saludando a otros, gente tirada en la vereda; mujeres, hombres, la gente que trabaja en este lado de la capital.
Voy medio aislada por la música que suena en el iPod, como siempre. Siento aún «el frescor» de la cerveza y el picante agradable y poco invasivo de las empanadas tucumanas.
Son las 15:44.

Anoche dormí poco y mal. Tenía un nudo en el estómago y aunque la cabeza estaba completamente en blanco, algo que en mí es bastante inusual, el malestar no me dejó pegar un ojo como se debe en toda la noche.
A las 07:00 de la mañana me levanté ojerosa, con arenita en los párpados y el nudo que seguía ahí.
Recién cuando leí el post de Alberto y navegué hasta la nota de El País, fue que supe por qué la sensación de estar atada por el estómago.
Se resume así: «Cuantas más palabras nos permiten usar, más libres nos volvemos».
Escribí entonces un larguísimo e-mail que descansa en la carpeta de Borradores. A la media hora salí a comer algo porque me dio hambre, sin nudo, un poco más libre.
Ando viendo The Sopranos en continuado. Varios fueron los que me recomendaron hacerlo y a pesar de que no me engancho y esta serie no es la excepción, cuando un domingo estás en casa y no hay mucho para hacer que sea interesante, ahí me tienes frente a la tele pasando uno tras otro los episodios.
Ahora voy por la segunda temporada, de gran opening. La canción en la voz de Sinatra, es uno de esos lujos que no importa la serie, la película o whatever.
The Sopranos. Opening Second Season.
El anonimato que ofrece Internet cuando anda uno navegando en la red tiene ese gustito morboso de espiar sin que el espiado se de cuenta. He aprovechado esa posibilidad a veces de manera impulsiva y adicta en momentos desesperados durante este año que ya casi termina. En el invierno tuve mi peor recaída. El cuerpo se quejó también y acusaba con señales de distinto tipo un dolor que parecía no aflojar. Pasé horas enteras transpirando y con la cabeza hecha una olla de presión, en la soledad tranquila de mi cuarto, buscando explicaciones, respuestas que por supuesto no estaban en ningún lado. Iba, una y otra vez a ciertos lugares que dañaban aún más mi autoestima y sufría, mucho.
Hoy me alegro de poder escribir los verbos en pasado.
En el bookmark de Firefox no quedan rastros de visitas de incógnito y lo mejor es que el tiempo, que es el remedio que todo lo cura, ha logrado que me importe nada lo que antes parecía ser el hilo del que pendía el motor de mis piernas. Borré links, contactos, historiales, posts, comments. Poco a poco, mientras lo fui necesitando despareció la evidencia de un tipo de relación dañina, incómoda y lacerante. Lo hice yo sola, casi sin ayuda, sólo con el convencimiento de que así era la única forma de emerger a la superficie. Fue difícil, pero de nuevo, leo el verbo en pasado y me pone contenta.
Sé que hubo amigos atentos, que mantuvieron la distancia porque confiaron en mí y estaban seguros de que podía lograrlo. El 2009 se va con toda esa carga y la sensación de haber retomado el buen rumbo.
La vida está en otra parte, dice Kundera y yo hago mía la frase cuando faltan 27 días para que el calendario sume un año más.