Son pocos los sueños que recuerdo. Dicen los que saben que uno siempre sueña, pero lo que falla es la memoria. Esos que puedo contar al otro día son los que llamo sueños claritos. Parecen de verdad, como una película que pasa delante de mis ojos y aunque ahí estoy, la veo en 3D como espectadora de lujo.
Anoche tuve un sueño clarito.
Era en un baile, como los de fin de curso o algo así. Mucha gente conocida y querida; amigos, compañeros de clase, gente que por estos días ha vuelto a mi vida por diversas vías. Estaban cambiados, pero para mejor. Todos contentos, un vaso en una mano y un compañero de baile en la otra. Reíamos y hablábamos fuerte, mientras la música sonaba agradecida de tanta disposición para moverse a su compás.
Y yo también tenía un vaso y un compañero, que bailó conmigo toda la noche. Lo veía clarito.
Autor: ZoePé
El ansia
Nada mejor que el título de una entrañable película de Tony Scott, para describir mi estado de ánimo actual. Pero no por los vampiros que también están de moda por estos días. Se acercan las vacaciones y es natural en mí que aproveche el calor de acá y me vaya al hemisferio norte. Amo el frío.
Estoy ansiosa, nerviosa, miedosa y algunas «osas» más que seguramente aplican al sobresalto.
Disimulo bien, amparada en el mucho trabajo que cual avalancha se acumula en el buzón de e-mail de la oficina y que debo ir sacando con pala para la nieve, a razón de 30 mensajes por día, como mínimo. Pero en casa, luego de cumplir con la jornada de madre que Ana exige, me quedo sola conmigo y afloran todas esas sensaciones.
Es un viaje acariciado el que voy a hacer, muy deseado, por eso no veo la hora en que me suba al avión de United Airlines.
Tengo algunos planes en la cabeza a los que iré dando forma también para calmar la ansiedad.
Una ciudad que conozco sólo por películas y libros, espera cubierta de nieve. No me espera a mí, por supuesto, pero quiero creerlo.
El ansia. Tony Scott, 1983.
El dolor no se va
Casi al mismo tiempo que ella, se lo tomo prestado. Porque nos pasan cosas parecidas, aunque no iguales.
Gracias, Fátima.
I Remember por Damien Rice. O, 2003.
Amor se escribe sin hache

Muy lejos de mi optimista manera de ver las cosas, en este momento el sustantivo ese que se escribe sin hache, cuelga de un hilo a mil kilómetros de distancia de mi.
Y recordé el nombre del libro de Jardiel Poncela que tanto hojeé cuando era joven y con el que reía junto a mi primer novio, mientras leíamos la edición ya vieja en los ochenta que el también viejo escritor (¿o ya se había muerto?) nos regalaba. Nos burlábamos de lo que decía en él a la sombra de sentimientos que parecían eternos, sólidos y a prueba de bombas.
El amor se las tomó como dicen por estos lados. Todo ese palabrerío que intenta consolar no vale para nada. No está.
Sí sí, ya sé lo que piensas, que no es lo más importante, que hay otras cosas, que es mejor así. Pero extraño ese calor, mucho. Extraño el desasosiego que produce, la incertidumbre y la endorfina corriendo por las venas.
Post 200
¡Felicidades!
