Química

Desde el Rusty Pelican el downtown de Miami parece una postal. Mis ojos están perezosos para ponerse detrás de la cámara, pero eso no impide que el registro siga siendo igual de exhaustivo. Y la noche de Miami comenzó con esa imagen y la compañía de un amigo.
Luego de la cena el paseo por Biscayne Blvd, Calle 8, un cafecito en Versailles, Miami Beach y la caminata por Lincoln Road con obligadas paradas para calmar la sed de este invierno con una confortable temperatura de 70 F.
Anoche fui feliz. Doy gracias muy especiales a las dos personas que lo propiciaron.

Hiver

«Las cosas van a ir mejor, pero a ti te da igual.» Abraham Boba dixit.

No fue difícil encontrar la cafetera de dos tazas en el supermercado de nombre desconocido. Desde la habitación veo la masa de nieve en que se ha convertido la montaña que queda justo enfrente de mis ojos, luego de la tormenta de anoche que estuvo anunciando insistentemente la televisión local. El café recién hecho invade con el aroma que más me gusta a la mañana. «Compra café La Llave, niña», me dijo por teléfono y yo le hice caso, porque tiene razón: es exquisito. Una colada no basta y hago otra para tomarla en la misma posición, con la mirada clavada ahora en los esquiadores que ascienden en aerosilla. Es temprano para esquiar, pienso. Mi cabeza trata de apartar el cansancio mental de estos días que se ha convertido en físico, cuando el dolor de la espalda se presenta como un aguijoncito molesto justo debajo de la nuca.
¿Podría vivir aquí? me pregunto sabiendo que el no rotundo de la respuesta no deja lugar a dudas. Si dije alguna vez que me gusta el frío y juro que no mentí, también debo decir que lo que me gusta de él es su frivolidad. El frío en esta ciudad no tiene ningún glamour. La adustez de la gente y el paisaje me achica y presiona contra el piso. Quiero frío, pero en Buenos Aires, donde un par de buenas botas, una pashmina y un tapado entallado y de largo conveniente, sean su mayor representación. Muy frívolo, sí, ya sé, pero me encanta.
Otra colada, la tercera. Abraham Boba suena con esa voz importante y sus canciones tristes que me hacen recordar a W.
Pero el que me llama es A y no puedo explicarle con palabras lo que agradezco su voz en español del otro lado del tubo.

Equipaje

Hay lugares que me gustaría visitar con algunas personas en particular. Hay una persona con la que me gustaría ir a cualquier lugar y allá vamos.
Por tres semanas, nuestros pies rumbearan al norte, al invierno de allí y junto a la nieve disfrutaremos de cosas nuevas; imágenes, aromas, sabores, texturas, sonidos. Días cortos y grises, noches más largas, alumbradas por el neón de los anuncios y los autos.
La cámara de fotos ya está sonriendo desde su estuche, porque sabe que registrará esos pasos de la manera en que mis ojos miren, seguramente atentos y asombrados.
Prometo escribir y contar, pero no se cuando.

Por Pink Martini. Hey Eugene!, 2007.

El track preferido de H

En mi casa se escuchó siempre mucha música. Mucha por la cantidad, pero no por la variedad. Crecí rodeada de ritmos parecidos, muy a tono con el gusto de mis abuelos y mis padres. Luego comencé a ingresar en mi memoria musical otras cosas y aún lo sigo haciendo, por suerte.
Este tema, porque no sé si llamarlo canción o tango, lo conocí en la voz de un gran cantante de boleros, Pacho Alonso, que era el líder de una orquesta bastante famosa en los setentas en Cuba. Es hermosa la versión de Pacho, pero difícil de encontrar en la red.
Aquí está la que hicieron Bebo Valdés y Diego «El Cigala» que es linda, muy linda.

Por Bebo y El Cigala. Lágrimas negras, 2003