Christopher McCandless: Happiness only real when shared.
Into the Wild. Sean Penn, 2007.
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Christopher McCandless: Happiness only real when shared.
Into the Wild. Sean Penn, 2007.
Todos los días hay un momento especial. Es el minuto ese en que todo deja de ser importante; cuando lo único que me pasa por la cabeza es correr. Escapar al parque para hacer unas cinco millas.
Hay gente siempre en el parque. Llego con Susie y justo enfrente del que vende las limonadas la ato al palo de las bicis. Y el tipo me mira como diciendo, «¿quieres una limonada?». No quiero eso, porque es dulce y me mata el ímpetu de la corredera que ya en este punto de la tarde es lo que ocupa toda mi mente.
Arranco. Los ojos empiezan a registrar a los compañeros de cada día. Las orejas con auriculares. El DJ iPod Shuffle es un mago a esta hora. Mezcla en su bandeja de todo para mí. Que si Kelvis Ochoa, que si Salif Keita, que si Sting. Y hasta Handel, que Emil Klein sabe interpretar con el tempo justo.
Primera vuelta y ya me crucé con la señora del pañuelo en la cabeza y su esposo. Él lleva unas mancuernas de dos libras que agita mientras camina, despacio. Un poco más y veo a uno que siempre tiene muy buen paso. Es joven este. Corre lindo y parejo, todo de negro y sudor. Luego, a la altura de la segunda vuelta llega el de los auriculares grandes. En shorts azules. A veces corre, a veces camina.
Por la cuarta vuelta se incorpora la señora con el cochecito. El bebé va muy divertido mientras la madre empuja con ganas, sin perder el ritmo.
Cada vuelta tiene el mismo paisaje: el espacio de los perros grandes, el de los perros chicos, enrejados y hasta con sus mesitas de esparcimiento para los dueños. Siempre hay un señor fumando un tabaco allí. Nunca le ví llevando un perro.
La quinta vuelta, la quinta milla y termina el día. El sol sobre la bahía, pinta con varios colores el cielo. En el puente que recorro se ve mejor el mar, los barcos atracados y el mangle.
Último tramo; suena fuerte, sensual, la voz negra de Al Green.
Quizás cuando empiezas a ver la película, pienses que el título se refiere a las dimensiones del cuerpo de Gérard Depardieu. Un rato después ya sabes que no, que es una moto la que pone el título. Eso sí, desde que transcurren los primeros fotogramas, casi casi puedes asegurar que no es una película fácil, que es un golpe en el estómago, de esos que sacan el aire.
El dilema de la vejez y el descarte. Un hombre viejo, esclavo de la rutina, alejado de la dinámica de su casa, enojado con la vida, quebrado económicamente, sin apetitos de ningún tipo, es la imagen repetida de muchas personas en muchos lugares de nuestro mundo.
Y de pronto lo que parecía ser un rosario de calamidades y un bajón a lo más profundo del pozo de la depresión, la película se convierte en una road movie. La carretera salva a Serge. A galope de su Munch «Mammuth» y con el pretexto de ir por los papeles de su jubilación, Serge inicia su viaje de vuelta, un viaje en el que recupera su amor por, simplemente, respirar.
Depardieu está y es enorme. Por dos razones, su corpulenta presencia y por su impecable performance. Sin pretensiones, jugándosela en una película chiquita. No quiere ser más, no quiere ser menos. Se adapta, a pesar de su curriculum, a este cuentecito pequeño.
Mi otra estrellita es para la música, que acompaña a veces y otras es un personaje más, rodando con Serge por la campiña francesa.
No descarten Mammuth, de Gustave de Kervern y Benoît Delépine, que a lo mejor hasta les saca una sonrisa. Es sólo una sugerencia.
Mammuth, 2010.
Update: La película con subtítulos en español y muy buena calidad de imagen y sonido, se puede ver aquí.
Hace unos días, WordPress hizo balance por mí y armó en forma de reporte, no tan de mi gusto, una estadística de Mírame bien. Igual que la del año pasado, aunque con un par de datos más. El reporte no es nada del otro viernes, a decir verdad, pero de él, rescato y de esos números me cuelgo, para escribir un agradecimiento. O tres, porque es un sólo post con tres «gracias» incluídas.
– Las damas primero
No recuerdo cuándo y por dónde llegué al blog de Esther Cidoncha. Pero lo que si tengo claro es que no se me escapa cada nueva foto que allí publica Esther, que es bloguera, pero ante todo es fotógrafa. Y fotógrafa de músicos. De músicos que tocan jazz. Sus fotos, sus reseñas de los eventos a los que asiste como reportera, son un lujo para ojos y oídos. Porque, al menos a mí, me dan ganas de ir a escuchar a esa gente que Esther (tan bien) deja intactos en su paisaje.
– Mejor que la realidad
Jácaras reales es un referente. Y se lo recomiendo a los que aman el cine y la música. Allí se habla de eso, en esencia. Las hermosas historias que teje su autor alrededor de un músico, de una actriz, de una canción, de una película, además de ser una mirada personal es una invitación a la interpretación propia, a mirar con otros ojos y al mismo tiempo disfrutar. Con José Miguel intercambiamos además otros espacios virtuales, de fotos, de pequeños comentarios y algún que otro e-mail. Zaragoza y La Habana o Buenos Aires o Nueva York o Miami. Anywhere. Siempre están en mis lecturas esos cuentecitos maravillosos que me regresan a una butaca; como las de los cines de antes.
– Un ¿habanero? como yo
Estoy casi segura que si Tersites y yo coincidimos en el mismo sitio, estaríamos muchas horas hablando y lo que es mejor, riéndonos. Mientras sus hijos nos interrumpen con educación y su esposa participa entusiasmada de la charla, nosotros crearíamos un puente. Y también discutiríamos con respeto y empecinamiento nuestras diferencias. Me enriquece leerlo, porque además, a veces no comparto su punto de vista y como la virtualidad no garantiza que sea una discusión honorable, prefiero el silencio. Pero no dejo de asistir a cada post, a cada foto.
Gracias por compartir sus vivencias, sus puntos de vista, sus gustos. Y por pasar y comentar aquí.
¡Feliz año nuevo!
Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.
Aqui es un extracto
Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 7.800 veces en 2011. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 7 viajes transportar tantas personas.