Los diálogos en las películas de Richard Linklater no me aburren. Por el contrario, son casi un dictado de muchas cosas en las que pienso y creo.
Recuerdo especialmente la primera película dirigida por él que ví. Tape es una puesta en escena muy teatral de un reencuentro de amigos. Estaba sola y en el final quise tener a alguien cerca para comentarle que las situaciones en las que se ven envueltos los tres personajes eran muy parecidas a vivencias propias.
Luego se instalaron en mi estante de DVD’s, las dos más famosas pelis de Linklater. Veo una y otra vez Before Sunrise y Before Sunset sin cansarme.
La primera recorre lugares que conocí de niña en Viena. Anoche en la soledad cálida y tranquila de mi living volví a disfrutar de la voz de Kath Bloom en la cabina de la casa de discos que visitan Celine y Jesse y también del paso de ambos por el Prater y por el Friedhof der Namenlosen; lugares que recorrí con mi madre y mi hermano allá por los setentas.
La segunda, filmada nueve años después, me hace volver a París. Y en París fui muy feliz no hace mucho.
Sin parecer pretenciosa, puedo asegurar que ver estas películas enriquece el alma y llena de una paz que permite ir a dormir con una sonrisa.
Before Sunrise de Richard Linklater, 1995.