Un hombre celoso

Todos los nacidos en octubre fueron concebidos en Navidad o fin de año, decía mi padre. No debe estar tan desatinada esa aseveración, porque estadísticamente octubre es el mes en el que nació mucha gente en casi todos lados.
En los finales de 1939 o quizás en los primeros días de enero del nuevo año, fue engendrado John Lennon, en algún lugar abrigado de la ciudad de Liverpool, para sumar un punto más a la estadística demográfica con su nacimiento, el 9 de octubre de 1940.
Hoy es el cumple de Lennon y por varias razones medio aburridas todas, escucho en estos días su voz con frecuencia. Pero nunca estuvo lejos de mí esa voz. Debo culpar por eso a mi madre que ponía hasta el hartazgo los discos de The Beatles cuando ella y yo éramos muy jóvenes.
Un amigo me acercó ayer esta canción que es como prefiero recordar a JL, en su 69 cumpleaños. No se por qué mi amigo lo sabe.

Jealous Guy por John Lennon, Liverpool 1940 – New York 1980.

Presente

Cinta

«Yesterday is history, tomorrow is a mystery. Today? Today is a gift. That’s why we call it the present.»
Oogway dixit. Kung Fu Panda, 2008.

Mi prima, mi hermano y yo vivíamos en la misma casa, cuando éramos chicos. La casa de mis abuelos era para nosotros el refugio y el centro de todo.
En vida de ellos el día empezaba antes de las seis de la mañana, con los preparativos para ir a misa en la iglesia de Los Pasionistas. Al regreso mi abuela hacía el desayuno. No es casual que hoy acostumbro a desayunar lo mismo que ella consideraba que debían comer los adultos a la mañana: dos tostadas y una taza grande de café fuerte.
Después cada quien ocupaba el tiempo en sus propias cosas y a la tardecita los niños nos juntábamos a merendar en el comedor de la cocina. Y mi abuela desplegaba su fantasía. Los lunes tenía regalos para los que se habían portado bien, los martes para las nenas, los miércoles para los varones, los jueves para mi abuelo, que como estaba muy viejo era un niño más y los viernes tocaba el regalo de fin de semana. De mi abuela heredé el placer de regalar y creo que el buen criterio para dar a los demás lo que me gusta.
Los cinco mejores regalos que hice fueron, un paliacate rojo, una foto, una cadena de oro, el libro de la poesía completa de Eliseo Diego y el último fue un disco de Jeff Buckley.
También puedo hacer una lista de los cinco mejores que he recibido, pero la memoria puede fallar o ser injusta; la curva del olvido crece con el tiempo y la selectividad favorece a los eventos más recientes. Desde hace unos años los que recibo con más placer son momentos, ratos de pasarlo bien, con buena compañía, en paz. A veces comiendo algo rico, tomando un buen vino, otras el disfrute del espacio propio, con un libro, cuando escucho música o veo una película.
Un regalo que recuerdo en especial, es el de los discos de Tom Waits (¡todos!) que un amigo me acercó de una manera muy original.
¿Cuál es el éxito de un regalo? Pienso que es la sorpresa. Aunque en estos tiempos que corren la capacidad de sorpresa es inversamente proporcional al cinismo del que nos vamos llenando, sólo para sobrevivir y no andar tan expuestos por ahí.
Si quiero ser sincera debo decir que me encantaría recibir un regalo. Mejor, me gustaría tener una sorpresa. Que mis ojos no puedan creer lo que ven, que mi boca permanezca abierta en una sonrisa que no se borre fácilmente, que el corazón se vaya solo a dar una vuelta a la manzana.
Anoche sentí que había como una predisposición a la sorpresa, algo pasaba, se podía tocar en el aire. Al final de la noche no pasó nada. Luego me dí cuenta que era sólo el deseo de ella y que no habrá regalo mientras siga esperándolo.

R 13

¿Te acuerdas de la primera vez que viste a Dustin Hoffman? A ver, piensa un poco…, dos minutos y haz memoria…, ¿te acuerdas?
Yo sí. Fue en un cine de Belgrado, cuando tenía 9 o 10 años, mientras mi madre, que ignoraba que Midnight Cowboy no era una película apta para todo público, intentaba que mi hermano y yo dejáramos los asientos a los que ella misma nos había arrastrado veinte minutos antes.
Hoffman se me presentó un montón de veces más en mi vida, caracterizando gente diversa. Nunca va a saber que me encantaría conocerlo.

Midnight Cowboy. John Schlesinger, 1969.

Viernes

Cristal

El viernes aparece como la salvación para el cansancio. Hay casi una predisposición al viernes, aunque no deja de ser un día duro. La rutina a la mañana es igual a la de cualquier día y según pasan las horas comienza a notarse el clima de cercanía al descanso.
Hace unos años este día era sinónimo de salir al mundo exterior, después de una larga semana en el internado, durmiendo poco, comiendo mal, con las muchas y crecientes exigencias de una escuela donde era imprescindible mantener ciertos niveles de rendimiento escolar para continuar allí.
En el lugar donde vivíamos, las chicas nos arreglábamos el viernes; que si la depilación de cejas y piernas, que si coordinar bien para encontrarnos el sábado, que si elegir mentalmente la ropa que nos íbamos a poner, que si alguna tenía un amor entre manos, se ensayaban los discursos y las actitudes.
El viernes transcurría y mutaba hasta que la noche se convertía en una verdadera fiesta, víspera de la fiesta mayor: el sábado. Nunca hubiera querido ser adulto para conservar ese gustito del viernes, pero no hay modo de parar el tiempo y su curso.
Hoy el viernes también tiene algo especial. Mis compañeros vienen a la oficina con ropa más informal, hay un ambiente de distensión que se nota en las voces un poco más fuertes que otros días, se sienten sonrisas casi carcajadas, tenemos medialunas encima de los escritorios.
Hoy el viernes se puso un traje de lluvia.