e-Nojo

No se si es bueno que el día empiece así. Hay una ligera bruma afuera. En mi escaso paisaje, poblado de antenas, sólo destaca el cartel publicitario del contrafrente durísimo de cemento y ladrillos.
Leo lo que se escribe en otros lados y se me atraganta un insulto. El blog, como el papel, lo aguanta todo.

Ni

Tengo un amigo que insiste en aplicar a todo la teoría de la PNL, desde que un maestro japonés le acercó los fundamentos principales. Uno de los conceptos es que los seres humanos tenemos tres sistemas de representación, aunque desarrollamos uno más que los dos restantes. Según esto hay personas que son visuales, otras auditivas y otras cinéticas.
Soy visual y el nombre de este blog es un ejemplo de ello. Pero la música es una parte muy importante de mi vida, casi desde que abrí los ojos al mundo.
Tiendo a asociar músicas con distintas etapas. La canción que mejor describe este momento, cuando estoy a punto de cumplir 45 años, es una canción chiquita, con muchos lugares comunes, con una prosa simple sin mucho vuelo. ¿Está mal? La verdad es que pensándolo bien, ha sido así muchas veces. Se que alguien puede decir que en la repetición está el síntoma… y qué le vamos a hacer. Es lo que hay.

La marea por Carlos Varela. No es el fin, 2009.

e@migrar

Jacarandá

La explosión del jacarandá es una de las cosas que me ata a esta ciudad. Buenos Aires pierde la adustez y pareciera que el sol toca cada árbol con la luz violeta del atardecer. Luego cuando el calor avanza las veredas se enchastran en un asquete de flores podridas y verano interminable.
Pero ahora, lo que se dice ahora, sólo miro para arriba y veo toda esta hermosura.

Un país con el nombre de un río por Jorge Drexler. Cara B, 2008.

Berlín

Un libro de Auster, regalo del Día de las madres, fue el que me llevó a otro libro, uno de McEwan que ahora leo. El inocente habla de la ciudad en la que nací. Voy recorriendo con la lectura las calles de la posguerra, el odio a los rusos, la presencia de los aliados y en el medio de todo eso, una historia de amor que al mismo tiempo enfrenta a los que perdieron con los que ganaron. No se si la casualidad tejió el entramado para que todo hoy confluya en el lugar que hace veinte años cambió de un plumazo su fisonomía, su historia y la del mundo moderno.
Nunca he ido a Berlín. Miro con curiosidad lo que tiene relación con ella, no sólo en estos días que la mayoría de los ojos se posan en sus fotos y noticias. De alguna manera siempre ha estado rondándome su influjo; aprendí a leer en alemán y de niña eran familiares las referencias al Hombrecito de arena y al Oso, símbolo de la ciudad. La imagen erguida y puntiaguda de la torre de televisión en Alexanderplatz colgaba de la parte de adentro de la litera que compartía con mi hermano en nuestra infancia temprana.
Por el momento espero la foto que un amigo me prometió del hospital de Lichtenberg, si es que aún existe. Y como sabe lo ansiosa que soy haría lo imposible por no defraudarme. O quizás me engaña como Alex en esta película.

Good bye Lenin. Wolfgang Becker, 2003.