Lamento Joaquin no estar de acuerdo con tus versos. Sí, esos donde afirmas que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Escuchaba esa canción yendo al aeropuerto de Miami, de regreso a Buenos Aires, al mismo tiempo que le decía a mi amiga lo equivocado que estabas.
He vuelto a casa con mucha alegría. Añoraba estar en ella, cerca de mis cosas, en el lugar que he elegido para vivir con mi hija.
Mientras viajaba y sin poder dormir en el avión, repasé estos días que fueron tan movilizadores. El reencuentro con amigos, los abrazos con gente que hacía mucho tiempo que no veía y las largas charlas de actualización y chismes varios. Descubrir las arrugas y las canas de mis compañeros de colegio que han emigrado, como yo, como las mías. Los hijos de ellos que casi no hablan español y que le corrigen a su madre cuando dice mal una palabra en inglés. Las lágrimas de nostalgia, de pura y auténtica nostalgia cuando saboreé el café tan parecido al que recordaba por las mañanas en mi casa, de niña. La risa a carcajada limpia sin temor a que te llamen la atención por lo fuerte del ruido. También la tristeza por los que no están o por el desempleo. El mar, tan parecido y tan distinto al de la isla.
Pero todos los premios se los llevó New York. Bicho de ciudad soy y sólo valió para confirmarlo el camino por la 42nd, viniendo desde el Chrysler Building hasta Broadway, a pesar del frío y con un vasito de café Juan Valdez en la mano.
Todo lo que allí ví, olí, escuché, toqué y degusté fue de un absoluto disfrute. Volví deslumbrada de mi versión de la ciudad con la forma de un cálido apartamento en Washington Heigths.
Ahora siento la nostalgia de esos diez días; una puntada de angustia por ahí, por el lado izquierdo, pero no en el hígado precisamente sino un poco más arriba.
No sé agradecer con palabras a tantas personas que en Miami y en New York me acompañaron. Es que no se agradece así.
Me faltó llamar a Pepín para despedirme de él, me faltó abrazar a Ernesto en La Guardia, me faltó que Maritza viera cómo lloré cuando puso esa canción en su iPod, me faltó tiempo, como siempre.
Fui feliz, completamente feliz y por eso es que voy a volver, Joaquin. Justo por eso.
Peces de ciudad por Joaquin Sabina. Dímelo en la calle, 2005.

