Apócrifo

¿Fue posible que Lenin y Hitler hayan jugado al ajedrez en la casa de una familia judía de Viena en 1909? El grabado que así los muestra puso la pregunta sobre la mesa. Se trata de un dibujo a tinta titulado «Un juego de ajedrez: Lenin y Hitler», supuestamente hecho por la maestra de arte del futuro líder nazi, Emma Lowenstramm. La fecha de la pieza data de hace poco más de un siglo. A lo curioso del hallazgo se une el hecho de que el dibujo de 1909, o al menos una de sus cinco copias, está firmado por ambos personajes. No reconozco a ninguno de los dos en él o mi memoria está contaminada por imágenes más recientes.
Hay más información en RTVE y en Telegraph.

Un tren de cercanías

Lo está esperando. Se anunció desde hace algunos días y no sabía en un principio si era ese el tren que debía tomar. Luego recibió algunos avisos, señales que le dejaron más certezas. Uno de ellos decía, «es un tren de cercanías, no dudes en tomarlo», pero aún así no se había decidido. Los últimos mensajes conminatorios eran mucho más exactos, con datos, algún recuerdo y un par de fotos. La incertidumbre empezó a ceder, el miedo aunque latente dejó lugar a la sorpresa y a una levedad de risas compartidas.
Y ahora que se acerca se convence todavía más. No sólo eso: se entusiasma y sueña.

A la red de trenes de cercanías de Madrid.

¿Qué hacer?

¿Cuando te olvidaste de cómo funcionan los códigos? ¿Cuando no te acuerdas de qué te reías antes? ¿Cuando el miedo a la lastimadura es más fuerte que cualquier otro sentimiento que anda dando vueltas, como queriendo meterse? ¿Cuando la paciencia tuya y la de los otros se volvió egoismo, mezclado con cinismo e indiferencia? ¿Cuando no se admite otra compañía que la propia?
Sí, sólo una cosa. Vete a tu casa y tómate un trago de Caney añejo, en la soledad tranquila y protegida de tu living, para que el ron espante todo vestigio de duda. Sólo un trago, en ese vasito pequeño y con un cubito de hielo. Con eso alcanza para volver a enfocar la imagen de tu vida.

Instrucciones para cantar

Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.

Por Julio Cortázar.

Nessun Dorma por Luciano Pavarotti.

La pasión según

Si en Google se busca por «La pasión» la mayoría de los resultados aluden a la de Cristo. En estos días son noticia, como cada año en Semana Santa, los pasajes bíblicos que cuentan el calvario de Jesús y todo lo que se hace en muchos lugares para representar esta historia. Hasta hay eventos digitales que se pueden seguir on line y participar virtualmente del Vía Crucis, vívido e intenso, transmitido por alguna .com.
Sin embargo entre tanta devolución repetida se puede encontrar algo distinto. Y ahí estaba ella, que tanto se ha puesto de moda; esa que adorna platos principales, postres, bebidas con pulpa (y no con culpa), tan ambigüa en sabor y textura que al mismo tiempo la hace única.
Prueben, en cualquiera de sus presentaciones. Estoy segura de que volverá la pasión a las vidas de muchos. Por experiencia lo digo.
Buen fin de semana largo.