Guardo en mis dedos un archivo inmenso. Sólo que la memoria hace un refresh cuando entra de nuevo en contacto.
Por eso hay texturas que ya olvidé, que no recuerdo en lo más mínimo.
Por eso, ahora, mis dedos están llenos de vivencias, de suavidades, de formas simples y blancas, con aroma de calabacines e hinojo y compañía en cortos e intensos desayunos de días de semana.
Afortunada por Francisca Valenzuela. Muérdete la lengua, 2007.